martes, 30 de mayo de 2017

VENIRSE ARRIBA (toda Paglia en una cita)





So my motto for men is going to be this, "Get it up!" That's my thing. "Get it up!" And now my motto for women: "Deal with it."





martes, 2 de mayo de 2017

UN SUEÑO MECHADO (como la carne)



Una pareja hasta hoy insólita en mi onirosfera: Arthur Miller y Marilyn Monroe. Pero en un sueño, como éste, moebiano (atravesado de entreveros, vetas, venas, mechas, paradojas, machihembrados y sinuosidades yinyanescas) la pareja (cuya identidad me iba calzando de manera fluctuante, con esa espontaneidad osmótica tan propia de la no vigilia) parecía alérgica a estereotipos: así, el escritor emanaba tomatosidades dignas de Foucault (como si sus brujas, más que de Salem, fuesen de Saló -del Saló pasoliniano, se entiende-) y la estrella, sin embargo, sorprendía con su recato (un recato turulato, autista, con un punto a lo Norman Bates -ese recato que Norma Jean mostró en su película más autobiográfica, NIEBLA EN EL ALMA, tan poco valorada por el mundo y tan apreciada por mí-). Paseábamos una y otra vez (¿preludio o consumación de algún clímax?: una de las tantas incógnitas del sueño...) por un paisaje portuario, muy del mundo de la estiba, que asocié con la novela por la que entré a comienzos de los 80 en el mundo de Mishima (esa novela que cierta actriz británica con cara de payaso y dada a torrideces encarnaría en la pantalla). Caía una lluvia ambarina (no sé si regalo travieso de Danae o eco de la sobredosis de fluidos que conlleva tragarse todo un maratón de HOUSE como el de este puente, tan pródigo en cuñas, goteros y bañeras -o tal vez eco semántico de la minisaga a lo ALL THAT JAZZ de la muerte de la Zorra Implacable, fugaz pareja entre arcángel y mantis del sufrido Wilson, amigo/¿conciencia? del indomable galeno-). De pronto, en nuestra interminable paseata, nos sorprendió sobre un túmulo de redes un grupo de parcas preparando pulpo con tijeras. Oreaban su concentración eventualmente mirándonos con torvedad y malicia, como dejando en el aire si su instrumento de trabajo era signo de tribadianos gozos o de sombras de castración y censura. En ese momento, la sirena de un barco (en la dimensión vigil, el resoplido del bus que para frente a mi casa) me despertó y me quedé un par de horas más de duermevela bajo el edredón, rumiando lo soñado.