jueves, 29 de junio de 2017
MIS ANGELES Y DEMONIOS TELEVISIVOS DE INFANCIA
Cierta polémica reciente provocada por uno de los hijos del cuñado de Franco (Jesús) a propos de cierta escritora "amiga de los niños" me ha llevado a pensar en las presencias de la tele que me deprimieron o lo contrario en mis años más mozos.
Debo señalar que mi cronología infantil estuvo tristemente marcada por programas "para niños" que, muchos años más tarde, podría resumir en las asechanzas del senecto Herbert en torno a su deseado Chris Griffin. Un despliegue geriátrico que, con impostada impostura, pretendía seducir al pequeño Zurdito y sólo le provocaba grima y sospecha. Había algo turbio, como de torpe paidofilia con olor a pis rancio (vamos, puro Herbert): aquellos primigenios Boliche y Chapinete (siempre asocio al primero con el frenético Quique Camoiras y, al final, de tan sepia que están en mi memoria, los acabo entremezclando con secundarios del cine costumbrista de la época -Manolo Morán, Félix Fernández, José Orjas o ese relamido jefecillo de ATRACO A LAS TRES que caso por su fruncido mohín de boca con el Marías generador de la polémica que da pie a esta entrada- y así casi los redimo de su mal rollo), aquellos vieneses absurdos como gárgolas emanadas de EL TERCER HOMBRE (Franz Johann, Gustavo Re y la dragonlady Herta Frankel con sus espeluznantes marionetas), el tío Aquiles de LOS CHIRIPITIFLAUTICOS (rodeado de elementos más jóvenes pero no menos bizarros, como el tardígrado Locomotoro -preludio en lelo de aquel inefable Carlos Iglesias que sí me causaría adicción varios evos después con sus dos creaciones magnas, el "orgulloso" Pepelu y el hebefrénico Benito Lopera-, la didáctica Valentina -ya anticipando su destino final como voz avisadora de las estaciones en el Metro madrileño y que en su sádica y ¿cordial? asexualidad con algo opusino parecía una Rottenmeyer entreverada con la institutriz de los retoños Trapp- más el jovial capitán Tan -casi el que menos horror me producía: con su aire de joven funcionario desarrollista disfrazado de explorador, me resignaba a que, si alguno de esos espectros tenía que estuprarme, lo hiciese él-), a lo que añadir la escritora de marras "amiga de los niños" (que, con su impostada simpleza y sus enormes hechuras, asociaba a una versión psitaciforme del pájaro dodo y también al actor Fernando Sancho -de quien por un tiempo la creí hermana o similar, por aquello de los parecidos razonables-).
Reconozco que, en materia de senectudes, yo ponía el listón muy alto: mi impronta (que diría Konrad Lorenz) la marcaron las dos ancianas que me criaron (mi bisabuela Manuela y su hija mayor, mi tía Pepa, agudas, nada seniles, muy jóvenes de espíritu, que aún hoy me resulta difícil concebir como "viejas" -y que, por ello, siempre vuelven a mi recuerdo cuando releo o reviso en una entrevista a Rosa Chacel-), y algo más tarde otro joven eterno (mi despepitado abuelo Joaquín, con mucho del Arturo Fernández de TRUHANES y algunas gotas del simpar torero Juncal hibridado con el dandy César González Ruano, siempre coqueto y seductor, y pródigo en anécdotas extremas entre lo hipocondríaco, lo mañarianamente procesional y lo gallardo), a lo que añadir esas dos camisas viejas (¿tal vez las llegó a conocer nuestra escritora "amiga de los niños" en sus años por la Sección Femenina?) de curtidas facciones de piel roja, laconismo militar y una profunda ternura latiendo dentro (mi randiana y naturista tía Carmela con su aire a lo Stewart Granger -de la que, con unción, ya he hablado en papel y en la peli del sr Pinzolas- y la directora de mi parvulario, la carismática Mª Dolores Galvarriato, hermana de la musa de Pedro Salinas -con algo reciamente medieval en sus facciones y talla, a cuyo lado la sufrida hermana de José Antonio siempre me pareció una bayeta mojada-). Lo más cercano a estas improntas que me deparó la tele no me lo dio la programación infantil sino los dramáticos (NOVELA, ESTUDIO 1...) donde presencias como la ominosa Cándida Losada o la elegante Irene Gutiérrez Caba o las pizpiretas hermanas Muñoz Sampedro o las magníficas estantiguas Carmen Carbonell y Amelia de la Torre sacaban el Harold que hay en mí en busca de su Maude.
Ancianidades aparte, mis visiones del estupro como paliativo de la orfandad en que, a partir de determinado momento, se encalló mi corazón (aún más tras colgarme por un tiempo con las lecturas de Dickens) las nutría en mis deseos de ser adoptado/raptado por un Phileas Fogg con cara de David Niven o por el matrimonio Mc Millan (tan exactamente adecuado a mi perversión polimorfa, mi primer objeto de deseo televisivo tras Wilma Flinstone -versión bidimensional de Deborah Kerr-) o incluso por el decadente y canoso Banacek (lejos aún de la tebeística épica que lo encumbraría al frente del EQUIPO A). Estos ensueños me alejaban de las repelencias herbertianas ya comentadas de los espacios "para niños" y de los desagradables encuentros con tal o cual paidorro (siempre en el mismo sitio, cerca del Canal, donde la torre de agua y frente al cuartel de bomberos, junto a la antigua boca de Metro de Ríos Rosas) que, al volver del colegio entre el 71 y el 72 (aún no había acabado de pegar el estirón ni engrosado el cristal de mis gafas y debía de conservar algún resto de mis encantos prepúberes a lo Audrey Hepburn) se me echaban encima a la anochecida (uno de ellos, componente de cierto combo musical muy popular a la sazón por sus adaptaciones pop de canciones de la postguerra -de esas que un lustro más tarde desempolvaría Patino-). Llegaba a casa estresado y mi mente se elevaba acunada por las canciones recién descubiertas de las Vainicas o de la Bonet o siguiendo las peripecias de aquellas magníficas series detectivescas de la NBC. Rosa Chacel (la apolínea -como la definiría Jiménez Losantos en uno de sus momentos más felices-) se había asomado a mi vida no mucho antes a través de la lectura malagueña (en casa de mi tía Cari) de su novela TERESA pero aún faltaba tiempo para caer rendido a sus plantas (cuando se me transfiguró allá por los últimos 70 con sus turgentes MEMORIAS DE LETICIA VALLE y DESDE EL AMANECER).
Fue justo por entonces cuando un espacio infantil no me pareció insano y repugnante sino cabalmente adecuado a lo que es un niño (esto es, un loco bajito -y, por loco, digno de respeto-, no un idiota manipulable al capricho baboso de gentes que no lo entienden en absoluto, por mucho que nos vendan lo contrario). Si no fuese por mi retardo emocional que me dejó para siempre en el umbral de los quince años, podría decir que se me pasó el arroz cuando en TVE irrumpió SESAMO ST: pero nada más lejos (y mucho de lo aparecido por entonces en mis escritos y viñetas contraculturales da testimonio). Los monstruos peludos adictos a las cookies o a la docencia (Coco, ese piloso trasunto de filósofo peripatético), la pareja criptogayer Epi y Blas, el entrañable vampiro transilvano/pennsilvano, el MANA MANA, esos ecos de la alegría pillastre de Ken Kesey y su magic bus... Esas fueron para mí las auténticas presencias amigas de los niños. Sólo en cosas japonesas (anime -tanto series como largometrajes, caso de EL VIAJE DE CHIHIRO o LA PRINCESA MONONOKE- y alguna cosa de Kitano -su desmadrado CASTILLO DE TAKESHI o su lírica EL VERANO DE KIKUJIRO-) hallaría elementos audiovisuales que me transmitieran sensaciones parecidas de gozo y empatía, sin ver al fétido espectro de Herbert acechando entre las sombras.
lunes, 12 de junio de 2017
Eso lo será usted
| Jugando a ser de "otra" generación |
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| La nuestra es también la generación Harry Potter |
Pero somos comprensivos, excepto por esa pequeña broma con su "Wikipedia" que espero nos disculpe, entendemos que un hombre anclado en la política de Suárez —muy importante en su tiempo, irrealizable ahora— sea incapaz de ver algún aspecto positivo en nuestra generación, al fin y al cabo significamos su relevo, su final. Entre otras ridiculeces, nos echa en cara que Donald Trump se siente en la Casa Blanca, y en general una plural despreocupación por la política. Todo lo contrario, somos los dueños de las redes, y el señor Trump ha sabido ganar a sus votantes por esa vía, convenciéndoles —el nivel intelectual de los americanos medios ya no es nuestra culpa— si no lo cree, dígame ¿ha mirado usted alguna vez el Twitter de Sanders? Nos gusta estar informados en todo momento, tanto de política como del último vídeo viral que ha dado la vuelta al mundo, todo es comunicación y es el arma de esta generación. Probablemente también de la suya, siempre buscando un espíritu crítico, que créanme, hoy en día no es necesario para cambiar las cosas, ya es hora de dejar esos comentarios para la barra del bar y emplear los medios —la comunicación, valga la redundancia— para informar y conducir la crítica hacia un lado constructivo. Ya que, hasta ahora, no les ha servido de nada decir que "Rajoy es un inepto" o que "Pablo Iglesias es un populista". Acusaba usted que lo único que nos "importa es el número de likes, comentarios y seguidores", no sé si tanto como "lo único", pero le confirmo que el feedback es nuestra forma de saber lo que opinan otras personas de lo que nos preocupa. Con los likes comprobamos a cuánta gente ha llegado nuestra crítica —lo digo así para que lo entienda, pues puede verse como una fotografía, un texto o incluso un meme— mientras que con los seguidores obtenemos la satisfacción de sentirnos admirados o al menos de saber que a alguien le interesa tu crítica. Por último, los comentarios son la respuesta más directa, la forma de desarrollar con nuestros seguidores la crítica plural que tanto les cuesta alcanzar a ustedes. Su artículo no ha sido más que un comentario al selfie de su periodismo de tinta y papel, que por otra parte tanto he admirado. No se preocupe, estamos en otra transición y le entendemos, así que creo que durante unos años puede haber café para todos.| Letrero que le recibe a uno en la Universidad Autónoma de Madrid |
sábado, 8 de abril de 2017
TV
En este ciclo informal que inicié no hace mucho por estos pagos con entradas inspiradas en ALGO QUE VI EN LA TV, hoy no quiero pensar en la liturgia epifánicamente pródiga en significados sino en el vacío, en ese vértigo nihilista de un mundo posthumano con la televisión puesta. Una televisión que nadie ve pero que nunca se apaga. Nadie como Baudrillard para transmitir esa impresión.
"The obsessive fear of the Americans is that the lights might go out. Lights are left on all night in the houses. In the tower blocks the empty offices remain lit. On the freeways, in broad daylight, the cars keep all their headlights on. In Palms Ave., Venice, California, a little grocery store that sells beer in a part of town where no one is on the streets after 7 p.m. leaves its orange and green neon sign flashing all night, into the void. And this is not to mention the television, with its twenty-four-hour schedules, often to be seen functioning like an hallucination in the empty rooms of houses or vacant hotel rooms - as in the Porterville hotel where the curtains were torn, the water cut off, and the doors swinging in the wind, but on the fluorescent screen in each of the rooms a TV commentator was describing the take-off of the space shuttle. There is nothing more mysterious than a TV set left on in an empty room. It is even stranger than a man talking to himself or a woman standing dreaming at her stove. It is as if another planet is communicating with you. Suddenly the TV reveals itself for what it really is: a video of another world, ultimately addressed to no one at all, delivering its images indifferently, indifferent to its own messages (you can easily imagine it still functioning after humanity has disappeared). In short, in America the arrival of night-time or periods of rest cannot be accepted, nor can the Americans bear to see the technological process halted. Everything has to be working all the time, there has to be no let-up in man’s artificial power, and the intermittent character of natural cycles (the seasons, day and night, heat and cold) has to be replaced by a functional continuum that is sometimes absurd (deep down, there is the same refusal of the intermittent nature of true and false: everything is true; and of good and evil: everything is good). You may seek to explain this in terms of fear, perhaps obsessional fear, or say that this unproductive expenditure is an act of mourning. But what is absurd is also admirable. The skylines lit up at dead of night, the air-conditioning systems cooling empty hotels in the desert and artificial light in the middle of the day all have something both demented and admirable about them. The mindless luxury of a rich civilization, and yet of a civilization perhaps as scared to see the lights go out as was the hunter in his primitive night. There is some truth in all of this. But what is striking is the fascination with artifice, with energy and space. And not only natural space: space is spacious in their heads as well."
viernes, 7 de abril de 2017
L MENTAL
"On the aromatic hillsides of Santa Barbara, the villas are all like funeral homes. Between the gardenias and the eucalyptus trees, among the profusion of plant genuses and the monotony of the human species, lies the tragedy of a Utopian dream made reality. In the very heartland of wealth and liberation, you always hear the same question: ‘What are you doing after the orgy?’ What do you do when everything is available - sex, flowers, the stereotypes of life and death? This is America’s problem and, through America, it has become the whole world’s problem."
Sigo con Baudrillard. Ayer le comentaba a una amiga que mi idea de orgía anda más cerca de LA GRANDE BOUFFE de Ferreri que de L'ORGIA de Bellmunt. O de los trances berninianos de Simone Weil cuando entonaba cual mantra crístico el LOVE de Herbert. O de mis ensoñaciones envidiosas de Holmes (el Holmes de ELEMENTARY) en ese maravilloso caserón tan gore(con y al final) disfrutando (arropado por el recuerdo de Moriarty -recuerdo de doble filo pasado por la cheira-) de su coyunda neuronal con esa Watson de ojos rasgados, de su amor griego (esto es, docente y carnalmente suspenso) por su pupila gótica y de su relación espástica (entre el Skype y la cama) con su novia autista, interactuaciones que lo preservan de un anteayer echado a perder por los derroteros de la droga dura.
"Ten fe en tu pensamiento
de siquiera un momento."
martes, 4 de abril de 2017
LITURGIAS EN LA PANTALLA
Ayer me volví a ver EL COLECCIONISTA DE HUESOS. Vuelvo a esa película con precisión litúrgica, indesmayable. Deben de ser ya diez las veces que nos hemos reencontrado, como un sueño recurrente, del que no apetece despertar. Y luego miro a la realidad y una vez más me asombro de la distancia sideral que hay entre su héroe encallado y, por ejemplo, un Echenique y su minga...
Me ocurre también con otras cintas ese vértigo centrípeto, gravitacional, incluido el abismal contraste con los reflejos invertidos que nos depara el mundo de la vigilia, fuera de la pantalla, abiertos los ojos a la ceguera cotidiana. Así, con NETWORK: ¿qué tiene que ver Howard Beale, ese Cristo de los media que también Carlos Tena recordó en la barra lateral de su blog, con, por ejemplo, un Nacho Escolar o un Wyoming o un Evolé? O aquella rareza de WONG FOO de título interminable: ¿hay alguna relación, salvo la de los contrarios irredentos, la de Cristos y anticristos, entre la ponderada y justiciera Vida Boheme y es@ Cassandra hoy al borde de la canonización y cuyos twitters convierten los rugidos más feroces de Céline en florecillas de Asís?
Escribí una vez, para un libro que quizás sólo se publique cuando la diñe, sobre el cine como mi misa particular. Supongo que lo llevo en mi adn: si mi madre tomaba siempre algún momento (la Liz Taylor de ¿QUIEN TEME A VIRGINIA WOOLF?, la Vivien Leigh de UN TRANVIA LLAMADO DESEO o esos arranques ponzoñosos de Bette Davis que obligaban a apretarse los cinturones) como apunte escénico para sus posesiones demoníacas, yo también me siento rehén, gozoso rehén, de tal o cual liturgia fílmica que me limpie por un rato de esta realidad DE MIERDA.
lunes, 27 de febrero de 2017
LA PINTORA MAS JOVEN DEL MUNDO
nanorrelato inspirado en el documental EL MUNDO DE ANGELES SANTOS
Tan prolífica cuando estaba en el útero,
al romperse las aguas y salir al mundo
dejó de pintar.
jueves, 2 de febrero de 2017
HACIENDO COMIDITAS EN LA CASITA DE LA JUGUETERA
Continúo descubriendo por tv nuevos espacios culinarios. Durante los últimos meses he cenado acompañado por MENUDOS CHEFS (que se emite por el canal Ten y que ahora, pasada su emisión de la hora de la cena a la del té, seguramente dejaré de seguir): un duelo entre un chef adulto de reconocido prestigio y tatuajes (los tatuajes, que no falten) y un equipo de "prodigios" entre los siete y los catorce años. Generalmente, ganan los infantes ante el estupor de sus contrincantes, que unas veces se crispan y otras lo aceptan con deportividad e incluso con afabilidad paternal. La mezcla de rigor y anarquía en la resolución de los platos, todavía más exacerbada por las muy diversas temáticas propuestas por los jueces, supone siempre para mí una inyección de creatividad y, ahora, cuando me meto en la cocina, bien pertrechado con las sartenes que me regaló la pantera Esther y mi cada vez más útil cazuelita de barro, saco todo mi retardo emocional para lanzarme a la elaboración del almuerzo o la cena como si aún tuviese dientes de leche o mis hormonas empezasen a desentumercerse en pleno albor de la pubescencia.
En total, los "prodigios" son ocho, y de todos los colores (cuota blanca -en su triple faz céltica, anglosajona y semítica-, oriental, chicana, más dos negritos un poco sositos, por lo estereotipado). ¿Mis favoritos? la benjamina del grupo, la diminuta y pizpireta chef Estie, chinorrina que unas veces aparece desdentada y otras no, en plena transición de piñata, y que suele confundir al contrincante con sus arteras artes de cachorrita resabiada; la preadolescente y un tanto lánguida chef Emmalee, de camélidas facciones (ese perfil rotundo tan de mi agrado, ese belfo...) y nacarada aura, con algo de brujita de los pucheros y siempre jugando con sus largos cabellos cual gorgona novicia; a las que añadir al líder del equipo, el desgarbado quasi quinceañero chef Cloyce, con un punto perversamente british (como un alevín de topo del M15 al servicio de Moscú en los años más tórridos de la Guerra Fría). El que me cae peor es el otro veterano del grupo, el chef Holden, un a modo de Rajoy rubio y semipúber que alardea con frecuencia de su dominio de lo "molecular" (con lo que yo odio lo "molecular"...).
Estoy pensando en las ricas merendolas que perpetrarían estos "prodigios" en la casita de chocolate con mandarina de la juguetera Anne Murdock y lo que disfrutaría en ellas el amigo L.T. Dogson, antiguo miembro del fallido colectivo de terrorismo cultural MB (o sea, Magnolias Bruttales).
Yo seguiré, en pleno chip del BIG de Tom Hanks, entreverado mi corazón pubescente con mi cronología al borde de la sesentena, como eterno aspirante al equipo de MENUDOS CHEFS dándole a la sartenada y a la cazuelita de barro. Y la chef Estie, cual Campanilla amarilla, me dará sabios y traviesos consejos encaramada en mi hombro.
Una última cosa: procuren verlo en v.o. Lo estimulante y fresco de las voces originales contrasta con lo chirriante del doblaje, con esas abuelas haciendo de niñas a lo HEIDI o esas voces epicenas a medio cambiar a lo Coque Malla que siempre me han dado tanta grima...
miércoles, 25 de enero de 2017
SEMANA DE ALTOS VUELOS
Esta semana por 13TV se va emitiendo la saga completa de AEROPUERTO. A la hora ideal para estas cosas: sobremesa, con el cerebro flojo en riego (toda la sangre en plena tarea digestiva), y nostalgia de otros tiempos que, por más inocentes, siempre nos parecerán mejores (aunque, tal vez, con este retorno a lo paleo que implica la llegada de Trump, tal nostalgia se disipe por un vivir alborozada y plenamente la actualidad).
Reconozco que nunca me las veo enteras: cuando la digestión va consumándose y el cerebro se desentumece, el tedio suele invadirme y acabo apagando el televisor para pasar a la ciberlectura o a jugar con mi simulador de moto, ejercitando reflejos y músculos de la atención, como un buen simio listo para ejercer su papel mutante de líder de un mundo otro que, al final, acaba por ser el mismo.
El lunes se emitió AEROPUERTO, la primera y más larga de la serie. Encabezaba el reparto uno de los escasos varones que me sulibeyan, Burt Lancaster, esa presencia melancólica en el semblante y danzarina en los movimientos, quien, desde FORAJIDOS hasta su muerte, nunca defraudó en sus apariciones, por muy discutible que fuese la película. En este caso, apenas oteado el cine de catástrofes que llenaría los 70, aún lejano el Watergate y las grisáceas presidencias de Ford y Carter (tan bien descrito ese espíritu de derrota en el ensayo de Marvin Harris LA CULTURA NORTEAMERICANA CONTEMPORANEA), la trama despega a partir de precedentes como el género "de hotel" (donde diversas historias se entrelazan: GRAN HOTEL, HOTEL INTERNACIONAL, etc) o como el arcaicismo de las primeras cintas de catástrofe (SAN FRANCISCO, EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC...). Aparte de Burt Lancaster, el personaje más interesante es la polizona encarnada por Helen Hayes (oscarizada a la sazón y abuelita conceptual del Leonardo Di Caprio de ATRAPAME SI PUEDES). Van Heflin, perturbado con un ramalazo existencialista, será quien haga de detonante para el pete del avión. Jean Seberg, con peinado antinatural para su look habitual, da pena en su rol adocenadamente televisivo.
Ayer pusieron la que me temo será la más floja del lote, AEROPUERTO 75, biodegradablemente ñoña (de hecho, eché en falta la presencia del monstruo -en su vida real- Michael Landon por alguna parte), con una factura y argumento absolutamente de estrenos tv de sobremesa. Charlton Heston (quien ya estaba presente en la más floja de las cintas de catástrofe, TERREMOTO -con esa situación grotesca en que mantiene una relación con Ava Gardner, hija de su jefe Lorne Greene, que, por la escasa diferencia de edad, debió de concebirla cuando estaba en el kindergarten) actúa con un leve matiz picaruelo tirándole los tejos a la azafata Karen Black, quien, con su extrema vizquera, resulta la piloto amateur idónea para situaciones de emergencia (un Dana Andrews infartadamente desganado será el detonante esta vez estrellando su avioneta contra el morro del avión de pasajeros). Gloria Swanson, cameándose a sí misma, suelta en piloto automático un par de lugares comunes de SUNSET BOULEVARD (mención al sr De Mille incluida -mención aeronáutica: ¿crossover De Mille & Howard Hughes?-) y el resto de secundarios (la cantante folk Helen Reddy haciendo de monja, la posesa Linda Blair con problemas renales, más algunos compis de Walter Matthau en LA EXTRAÑA PAREJA en su eterno papel de cuarentones crapulones), listos para ser inmortalizados en la mucho más lograda parodia de esta película (o sea, ATERRIZA COMO PUEDAS).
Hoy tocaba AEROPUERTO 77, ya en pleno apogeo del género catastrófico. Y, claro, se imponía una hibridación tanto en situaciones como en las interpretaciones: con Jack Lemmon a los mandos (ese Jack Lemmon que también figuraría en una de las pocas contribuciones "progres" al género, EL SINDROME DE CHINA), un megaavión se "poseidoniza" en pleno océano permitiendo guiñar a otras tres cintas a la vez (la aludida LA AVENTURA DEL POSEIDON, EL COLOSO EN LLAMAS -cambiando fuego por agua y bomberos por submarinistas- y EL PUENTE DE CASANDRA -por el tono resignadamente apocalíptico de las interpretaciones: hago constar que la cinta de Pan Cosmatos sobre el tren en cuarentena que se dirige hacia una muerte segura con ecos de pesadillas del pasado es, por su toque metafísico y esa impagable intervención de Lee Strasberg, hoy tan vigente por razones "ucranianas", la mejor del género-). De secundarios, un atípico Christopher Lee haciendo de filántropo con habilidades natatorias, la hermana usaca de Laly Soldevila (o sea, Brenda Vaccaro), el futuro yerno de Angela Channing (Robert Foxworth) y la siempre espléndida Lee Grant. La contribución emérita, Olivia de Havilland y el magnate que paga el vuelo, un James Stewart con ecos de Charles Foster Kane.
Como nexo en toda la saga aeroportuaria, aparte la mención en los créditos a la novela y película originales, se encuentra el personaje de Patroni (George Kennedy), el jefe de mecánicos que, a cada nueva entrega, asciende en su rango y que intuyo como claro homenaje a los sindicatos de obreros cualificados (esos que hacen y deshacen presidentes y que, tras su silencio durante la pijiprogre obamocracia, ahora, hartos de no salir en la foto, han encumbrado desde su poder morlok a Donald Trump).
Mañana está programada AEROPUERTO 79: el Concorde, con Alain Delon a los mandos. Veremos qué tal...
lunes, 2 de noviembre de 2015
"Latente" de cine, de fotografía
Martín Sampedro nos cita estos días en Mondo Galería para ofrecernos una exposición repleta de una visión tridimensional de una fugaz época ochentera de donde existe una imperturbable herencia en lo ácrata y liberal en una expresión indudablemente diferente: el negativo. El artista nos ofrece un trabajo delicioso basado en el enorme detalle de un hiperrealismo innovador e informatizado que encuentra una bocanada de aire alejado del Antonio López o Chuck Close, con el que comparte ese legado de la fotografía que atrae al espectador abierto cautivado por la esencia de Sampedro. El negativo del cine nos ha salvado en numerosas ocasiones de perdernos parte de la historia del mismo, gracias a esos restos de celuloide hemos podido disfrutar de "Viaje a la luna" (Georges Méliès, 1902) o "Too Much Johnson", ópera prima de Orson Welles rodada en 1938, el mismo Welles la dio por perdida. "Latente" es en parte un canto al lado más positivo del negativo, al salvador del cine y de la fotografía, expresado por una labor realmente admirable con innovadoras técnicas informáticas. Martín Sampedro hace que el propio público interactúe con la obra; "saquen sus teléfonos móviles, pongan la cámara en negativo, enfoquen la obra y podrán disfrutarla en positivo", una experiencia única y reveladora que nos hace ahondar en ese sugerente título que la engloba: "LATENTE, oculto, escondido o aparentemente inactivo" según la Real Academia. Hasta el próximo 7 de noviembre en Mondo Galería (Calle San Lucas, 9, Madrid). Metro más cercano Chueca, Línea 5.
miércoles, 15 de julio de 2015
"Insuperables", la distracción de una noche de verano
Es muy difícil competir contra la ficción, y mucho más contra películas como "Eloísa está debajo de un almendro", (Rafael Gil, 1943) o "Carmen la de Triana" (Florián Rey, 1938), aunque aún así es triste que ante ellas se impongan programas como "Pekín Express", que sí es un auténtico refrito. Vayamos ahora com "Insuperables", no es una idea nueva pero es, como se ha demostrado, una de las más atractivas para un público al que aún le pica la sal de mar y quiere ver una serie de entretenimientos varios con un buen ventilador frente a ellos. ¿El jurado? Claro que es necesario, sin menospreciar a nadie, creo que ellos mismos podrían hacer un programa cómico con aire flamenco, que está de moda, como fue demostrado por Miguel Poveda en los Goya. Ana Milán está fantástica, dentro y fuera de su comedia, alguna mala crítica se ensañaba con el jurado sin saber, simplemente queriendo. Ana Milán es sin duda el miembro del jurado que desempeña su papel con más razón y juicio, y que valora profesionalmente a los concursantes, ¿debemos criticarla porque al final del programa le apetezca saltar un poco en la cama elástica? Yo lo encuentro hasta divertido. Y Santiago Segura es el genio por excelencia, con cierto humor negro y parodia de lo que resulta el programa en sí, se lleva desde luego todas mis risas. Pitingo, del que nunca he sido fan, está empezando a caerme bien, y lejos de humillarse o parecer un tonto, se está acercando más al espectador y resultando chispeantemente gracioso. Carlos Latre y el mago Yunke son la innovación del programa, ¿no querían originalidad? Aquí está el nuevo personaje de "PADRINO", que implanta humor con Latre, verdadera magia con Yunke, y a saber qué más con el siguiente... Al que no le guste que se meta debajo de un almendro.
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