domingo, 29 de septiembre de 2019

SCREENPLAY THERAPY



"Captain, there is only one logical direction in which to go: forward."

Rain girl funcionando a base de subrutinas y autoavisos, de ironías ¿impremeditadas? y de STAR TREK (Spock, cómo no, mesías/espejo -y el klingon como amago de lingua franca-), el horizonte puesto no en el nobel pero sí en encajarle un guión a la Paramount: en efecto, si nos atenemos a su funcionalidad y talentos, la chica anda más cerca de Sheldon Cooper (y tal vez de Fiona, la novieta very special de Holmes en ELEMENTARY -y, bueno, con su punto de EL BUEN DOCTOR pero sin la cosa taumatúrgica-) que del hijo autonauta de aquella MATER AMATISIMA (detonante en los primeros 80 de mi interés por las mal llamadas "fortalezas vacías" -esto es, por algunos reflejos, sólo algunos, de mí mismo-) o (pese al juego de palabras inicial) que del "otro" señor Babbit (ya saben, el terror de Las Vegas). 

Del director de LAS SESIONES (magno trance de altercapacidades afectivas que compartí con la pantera Esther -en el Proyecciones, si la memoria no me falla-) y tan conmovedoramente impactante como aquella. Dakota Fanning, one more time, lo clava en su rol de jovencita anómala.



sábado, 28 de septiembre de 2019

PIZPIRETAS Y CHISPOSAS


Gabi Uriarte ha vuelto de vacaciones más burbujeante y saltarina que nunca. Sus salidas, su mímica, sus puyas y corcoveos dialécticos para con el sufrido Ander (si mi adorada Amanda Lynn Ferri fuese dietista y co/presentadora de un programa de cocina sería esta polvorilla de A BOCADOS: hay un deja vu constante -creo que ya lo he dicho alguna vez- en sus histrionismos y payasadas)... Ello me lleva a hacer balance de las presencias femeninas que desde la pequeña pantalla me han rescatado de momentos bajos e iluminado por un rato la existencia. El balance no pretende ser exhaustivo.   

La primera que recuerdo es la pizpireta Susan Saint James (la Peggy Maxwell de AUDACIA ES EL JUEGO -cuya presencia me hacía de refugio cuando mis estertores de via crucis domestico en Zurbano- y, pocos años después, la Sally McMillan consorte de un bigotudo y espléndido Rock Hudson en su último resplandor de carisma, y en cuya cama de matrimonio me hubiera gustado empanarme -oh, esa condición de polimorfa perversidad que nunca me ha abandonado...- entre ambos con la consabida excusa -tal vez anacrónica por mi incipiente y desgarbada adolescencia de entonces- de escapar de alguna pesadilla). La buena de Susan parecía recoger el testigo de una chisposa algo anterior, Paula Prentiss (partner también de Rock Hudson en SU JUEGO FAVORITO, tardío slapstick que, en no poco de su ingenua malicia, anticipa la química tan lograda de Gabi caotizando a Ander), que protagonizaría la serie EL Y ELLA, que vi ocasionalmente y de la que mi memoria no guarda apenas rastros (o confunde con otras series, como LA CHICA DE LA TELE).

Antes de Susan Saint James, todavía en la infancia y preadolescencia, podría mencionar chisposidades femeninas relacionadas con Samantha, la EMBRUJADA, y con Jenny, la BELLA GENIO (que Los Brincos homenajearían en uno de sus hits más tardíos). Es curioso que ambas presencias estén conectadas con la magia (¿acaso un eufemismo de la psicodelia para consumo de todos los públicos?: lo mismo esto también lo pensaron Arbex y Lasprilla cuando se plantearon su canción...). Pero, salvo MISTER ED (de quien hoy día sólo atino a visualizar mi rostro embobado por las tardes cuando peroraba socrático desde su cuadra pero no logro revivir el efecto/afecto en sí), no recuerdo que en mis primeros años alguien me impactase como lo hizo por primera vez aquella briosa becaria periodística llamada Peggy Maxwell.

Mucho más tarde y de una manera más serena y melancólica me iluminaría María Casanova desde aquel programa religioso con el cura Javierre (el único programa religioso que he seguido). La Casanova para mí era notable por la estupenda naturalidad con que pronunciaba esas frases redondas de Garci, frases que nunca he dejado de asociar con los momentos más líricos de novelas de Rafael Gª Serrano como LOS OJOS PERDIDOS o PLAZA DEL CASTILLO. En cuanto a un deja vu reciente de María Casanova, hay algo en su expresión medio irónica medio vacuna que he creído reencontrar en la Kalley Cuoco de BIG BANG (algunas de las mejores puyas de esa serie las suele soltar Penny con esa caída de ojos entre resignada y filosa).

Por último, hay una serie donde lo chisposo y pizpireto abunda justo en el ambiente más paradójico: me refiero a BONES. Esa fluidez tragicómica con que interactúan los personajes, el encanto robótico de la protagonista (elevado a la enésima potencia en el cerebrito Zack, esclavo de la lógica y que encuentro como una de las fuentes de inspiración de Sheldon Cooper), el jovial rijo de Angela Montenegro (siempre inyectando calenturas en las frigideces dialécticas de la dra Brennan) o becarias como la sibilina pelirroja de libertarias costumbres que reencontraremos años más tarde en BIG BANG como fugaz novia del enamoradizo Raj o la patosa novia del psicoterapeuta Sweets (eco en su continuo frenesí de las magas/brujas de mi televisiva infancia).

Y, a bote pronto, estas son algunas de las presencias chisposas y pizpiretas que la vuelta de Gabi Uriarte a la euskotele me ha hecho evocar.


viernes, 27 de septiembre de 2019

EL PEDO DE VENUS



Recordando momentos de Melanie Linskey en las series DOS HOMBRES Y MEDIO y CASTLE ROCK...




Venus suculenta,
            feculenta,
            flatulenta
pero nunca, tan sólo en apariencia,
podríamos llamar
lenta.



sábado, 10 de agosto de 2019

BESOS CON TROPEZONES


Gus Harapo (el escuálido devoto de las gordas -parafilia bluesera no contemplada en los protocolos LGTB y, por lo tanto, no bien vista por el juez Marlaska: aunque, de seguro, Truman Capote la habría incluido en su COLOR LOCAL con delectación, él, que consideraría las reglamentaciones LGTB y el mero concepto de "SEXO SEGURO", tan aberrante a sus ojos, como algo rayano en la antiutopía-) se encerraba durante días con su amante preferida, la lustrosa Obessie Smith, en el caserón niuorleanesco de sus ancestros, embriagándose de magnolias y almorzando (a)morosamente en íntima comunión a base de interminables besos con tropezones de slow food sureña, humeante y resudada como un Mickey Rourke ante una perola de gumbo. Tras el idilio gástrico y, por favorecer la digestión con trasiegos de botellones de Coke (el vino de su profana misa), sobremesa engarzada en concurso de eructos, contestados y jaleados por las cacatúas del descuidado jardín y las ranas que asomaban en la alberca jamás limpiada y cubierta de nenúfares. 


[detonantes de esta entrada: la lectura en curso de COLOR LOCAL de Truman Capote, el Stuart Bloom de la serie BIG BANG THEORY, la pin up que ilumina con sus carnes un poco más abajo y cierto chiste rancio recogido en aquella antología de humor español del siglo XX de la colección RTV en que un pintor pompier le muestra a un amigo un cuadro con un cupido muy rollizo y al calificarlo el pintor de "amorcillo" el amigo responde "Más parece niña, ¿no será una morcilla?"]



domingo, 21 de julio de 2019

THE ANDREWSARCHUS WOMAN

[recupero, con algunos retoques, una entrada publicada originalmente en mi blog hoy difunto EL PUNTO Z: ¿detonante de esta recuperación? el reencuentro anoche, por A3, con cierta película de Jodie Foster]

«Los períodos prolongados de calma favorecen ciertas ilusiones ópticas. Una de ellas es la suposición de que la inviolabilidad del domicilio se funda en la Constitución, se encuentra asegurada por ella. En realidad la inviolabilidad del domicilio se basa en el padre de familia que aparece en la puerta de la casa acompañado de sus hijos y empuñando un hacha en la mano.» (ERNST JÜNGER, «LA EMBOSCADURA»)

Reencuentro anoche con LA EXTRAÑA QUE HAY EN TI. Me impactó de nuevo.

Jodie, superdotada intelectualmente, imán de anómalos y perturbados en la ficción y en la vida real (desde trolls como Hinckley o Richardson a presencias sobrehumanas como Lecter), lesbiana más furtiva que payasesca (su críptico rigor contrasta con el chantaje exhibicionista de tantas otras –recordando a su contrapartida masculina, Kevin Spacey, en este juego de ambigüedades frente al empobrecimiento icónico que implica simpre la estereotipada obviedad-), madre sui generis pero profundamente entregada, atea y feminista con un algo de epicidad randiana (ignoro si consciente o no) que da su punto de heterodoxia a ambas condiciones, amiga de dietas estrictas (se intuye su parco régimen alimenticio en las filosas facciones y en el cutis estragado), obsesionada con la seguridad (como muestran varias de sus interpretaciones anteriores y también, paroxísticamente, ésta), niña vieja (su figura menuda se hace centenaria en los primeros planos, en esas arrugas rodeando sus labios, en esas manos nervudas –como cinceladas por Buonarotti-), fibrosa en su cautela (que algunos considerarán paranoia al ver esos brazos, esas pantorrillas, dignas de una partidaria a ultranza de la autodefensa), hace tiempo que el espectro en permanente alerta de Clarice Starling la posee (como Norman Bates acabó adueñándose de Anthony Perkins) y dirige sus pasos en habitaciones del pánico, en aviones poco seguros, o, como ahora, en la megaurbe (esa megaurbe que hace milenios -cuando Jodie se hacía llamar Iris- otro insomne traumatizado recorría con su taxi, recorrido que hoy ella revive micro en ristre cazando momentos a auscultar en su vigilia radiofónica de madrugada). Paz herbívora y progresista mutando ante los embates de la realidad. Como aquel apacible ungulado (pariente de ciervos y jabalíes) que acabó deviniendo en el mayor carnívoro terrestre y, después (oh, paradoja evolutiva), en la criatura más inteligente que ha surcado los mares.

Fui durante un buen rato Erica Bain, tras casi veinte años de desencuentro con la actriz. Volví a sentir bajo mi piel su fibra nerviosa, cautelosa. Como la primera vez que, partiendo de sus ojos, me topé con mi dios Lecter en aquella galería sórdida donde (casi como en algunos momentos de Internet) las gotas de semen y los exabruptos olfativos volaban desde las celdas sin luz.       


jueves, 18 de julio de 2019

fitzKURTZrraldo


Acabo de ver entera por primera vez la obra con que Herzog acusa recibo de APOCALYPSE NOW (travesía fluvial a través de la jungla hacia un corazón cristalinamente tenebroso, uso de Caruso como arma de seducción para enredar a los jíbaros al servicio de la loca empresa del protagonista -si Wagner y su cabalgata Sikorsky hubiese sido comandada por Kurtz y no por Killgore, prometiendo liderazgo tarzanesco en vez de napalm, esfuerzo y no exterminio, el comportamiento de los charlies habría sido tan empático como los indígenas que acaban al servicio del divino guardián de "el horror, el horror"-, final lúdico -operísticamente coppoliano en el caso de Herzog, aguerridamente herzoguiano en la divina cólera del tramo último del apocalichis de Coppola-) y que, a su vez, dejará huella en títulos posteriores tan diversos como LA COSTA DE LOS MOSQUITOS (y no sólo por la cosa taumatúrgica del hielo tropical -también por el espinazo narrativo del empecinamiento emprendedor con su punto suicida de Harrison Ford-) o la mucho más reciente y fallida adaptación de LA ISLA DEL DR MOREAU (pero impagable en las escenas DIKTADAS por Brando, jugueteando al piano con su miniyo -puro Herzog en versión pantagruélicamente fast food-).

Frente a tanta demagorrea rousseauniana fruto de la progresía criolla y del ressentiment mestizo, queda claro que los aborígenes siempre están dispuestos a que un dios blanco los movilice, los llene de ilusión, los malinchee, los redima del cul de sac, del bucle de su propia decadencia, los haga soñar en cargo cults, los incite a postfabricarlo en más de lo que depara su limitada realidad (y si no deviene en Kurtz o en Lawrence o en Pío Cid, si no está la altura de las expectativas, se lo sacrifica como al capitán Cook y a otra cosa...).

Película ideal para ser visionada en un cuchitril kippelizado, recalentado, medio en cueros, en sobremesa alucinatoria (Kinsky doblado por Penagos aumenta el delirio), sin tener muy claro si uno, con sus jadeos, también contribuyó al ascenso del barco por la montaña.


martes, 30 de abril de 2019

UNA ENTREVISTA DE PESADILLA (sueño chungo el de esta noche)


Un estudio de ballet transformado en loft/oficina. Amplios ventanales que dan, por una parte, a una plaza muy parecida a Latina y, por otra, a un río caudaloso, más cercano al Duero o al Tajo que al Manzanares. Se me ha citado para un reportaje audiovisual donde, aparte de responder a preguntas sobre mi trayectoria, debo acompañar en directo con mi voz, a guisa de karaoke, canciones tanto de mi repertorio como mis favoritas de otra gente. Llego de punta en blanco, con un pañuelo al cuello negro pero constelado de estrellas y un sombrero ancho con un punto de pamela que asocio con Bowie. Me reciben con mucha cordialidad y me hago la idea de que se interesan por mí como pudieron hacerlo en otras ocasiones (tampoco muchas: pienso en Esther, Celia o el sr Pinzolas) y de que la experiencia puede ser empática y estimulante y "comienzo de una gran amistad". Respondo a preguntas que no están mal, canto algunas cosas e incluso doy unos pasos de baile llevado por una clon de la López en ¿BAILAMOS? Todo filmado por cuatro cámaras. 

La cosa se tuerce al rato cuando me dicen que se ha perdido el material y que habrá que repetirlo todo. No me especifican cuándo aunque yo malentiendo que será en breve y me quedo ahí, a la espera. Una señora fondona con cara y voz de Emma Penella me pide el pañuelo para lavarlo "porque se habrá ensuciado con el sudor". Me siento en un cómodo sofá y echo una cabezadita. Cuando despierto, sin saber cuánto tiempo ha pasado, me encuentro algunas caras de las que vi antes y otras nuevas, pero con una actitud diferente, entre el desapego y ¿la ironía? Todos me ignoran y me da corte preguntar cuándo se va a reanudar el trabajo conmigo. Veo a la sosias de Emma Penella y le pregunto por mi pañuelo. Me responde, con sobreactuado pitorreo, que, al colgarlo en el ventanal para secarlo, se ha caído al río ("QUE LASTIMA, UY, CON LO BONITO QUE ERA"), y, acto seguido, me da la espalda.

Nadie me hace ni puto caso y mi desconcierto va in crescendo transformándose en paranoia (en la peor de todas, la que está fundamentada). Me viene al recuerdo THE GAME, esa película que tanto detesto: ¿es una movida/trampa de ese tipo?. Comienzo a deambular por el loft y a examinar con más atención los estantes, los affiches, etc y descubro que todo remite a la tonterida podemita, a La Sexta, a elementos de esa cuerda (hay una especie de ¿altar? con una efigie en bronce de Willy Toledo y pilas de cds de Nacho Vegas así como un Otegi vestido de papá noel sosteniendo en el regazo a Idoia Mendia en plan niña que pide regalos). ¿Esto es algún perverso GH que sacará luego Wyoming en EL INTERMEDIO para "hacer unas risas"? (de pronto, me acuerdo de aquel telefonazo que me hicieron los de LO QUE YO TE DIGA pocos días después de mi presencia en el spot de Falange del 86 y mi sensación de rotura que me llevaría, años después, a empatizar con Aznar o Aguirre cuando los veía como "objetivo" de chanza en CQC o los guiñoles de CANAL +).

Me vuelvo a sentar en un rincón. Aparace la que me entrevistó al principio pero con una cara muy distinta, como de profundo desprecio, y me espeta la pregunta/escupitajo "¿PERO TODAVIA SIGUES AHI?". Me da una crisis de angustia que me impide tanto responder como respirar y, a la megavelocidad del pensamiento, en tanto paso del sueño a la duermevela, reflexiono sobre si esto es un INOCENTE, INOCENTE como estaba empezando a sospechar o, simplemente, una entrevista real, sí, pero como las que me han hecho en el último lustro (¡qué lejos, insisto, quedan los gratos momentos audiovisuales con Esther, Celia o el sr Pinzolas!) tanta gente ajena que, bien por mi rol "obligado" de cronicón de tal o cual asunto musical, bien por llenar un hueco a falta de otro entrevistado más de su gusto o bien por mi fama de intempestivo para sacarme alguna declaración "jugosa" con que hacer más ameno el reportaje, me emplazan desde la más completa distancia a mis valores y a mi mundo. Y, siempre, ¿curiosamente?, orbitando en torno a la constante zetapodemita...

Vaya. Si Gramsci levantase la cabeza y viese cómo se ha degradado su mensaje... 

miércoles, 10 de abril de 2019

DE BISOJECES Y ESTRABISMOS


¿detonante?: esta entrega de mi gastrofetiche televisivo de los últimos tiempos


Desde pequeñito he asociado el término ESTRABISMO con ojo(s) a la fuga (tal vez por leerlo en mi mente con v de extravío) y, en cambio, lo BISOJO asociarlo a la manera centrípeta. Yo, igual que soy zurdo pero uso las tijeras con la diestra, he pasado por ambos estados: en mis años mozos extraviaba un ojo cuando empecé a perder visión y perspectiva (miopía y astigmatismo) pero en ocasiones para forzar la vista (sobre todo, cuando me ha ido asaltando la presbicia) tiendo a lo ojijunto (que casa con cejijunto -y aquí pienso en la vizquera sobreactuada de Honorio Herrero en la grimosa CHARANGA que llevaba su nombre-).

Si tengo sentimientos encontrados respecto a lo bisojo (esto es, atracción y repelencia), con la cosa estrábica soy más unánime: todo lo que recuerdo (Sartre, Trueba, Kirchner, Everett Sloane o Marty Fieldman) me da un punto de repelús. Intenté durante todo un verano bucear en Sartre y la incursión sólo me confirmó la negempatía preexistente. De Trueba no hay película que me haya enganchado (sólo he visto cinco, y me dejaron frío: EL AÑO DE LAS LUCES -que tal vez en manos de Armiñán, Regueiro o Fernán/Gómez me habría resultado aceptable-, los vodeviles SAL GORDA y SE INFIEL Y NO MIRES CON QUIEN -sin Osinaga ni Arturo Fernández un vodevil se queda en ná-, la absurda EL SUEÑO DEL MONO LOCO -que compite en cuanto a hermetismo impremeditado con aquel engendro de Javier Elorrieta en que intervino Anthony Perkins, LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA- y BELLE EPOQUE -con alguna escena como el polvo travesti de Gil y Sanz tirando a anticlimática por su grosería panfletera, antimateria de la delicadeza de un Neil Jordan o de la gracia de un John Waters-). De Kirchner mis recientes lecturas argentinas confirmando su nefasta influencia en la política española y su saga oportunista y usuraria ya me ratifican mi prevención inicial. A Everett Sloane siempre lo asociaré con su rol en LA DAMA DE SHANGAI y como heraldo de los momentos más oscuros de CIUDADANO KANE. Y en cuanto a Marty Fieldman, aunque no me cae mal y a veces me roba una carcajada, ese temor a que en cualquier momento se le caigan los ojos rebotando como pelotas de ping pong me corta el rollo bastante.

Bisojeces que me echan p'atrás: Savater (a quien ya diseccioné en cierto capítulo de esta entrada shadowliner); Streissand (y su gemelo barbado Spielberg), paradigmas del progresismo hollywoodiense más arribista y ávido de dollars; Karen Black (que me produce una sensación ominosa, como de tocar madera, a lo Everett Sloane pero en centrípeto -y que siempre asocio con su trágico rol en EL GRAN GASTBY-); o Alvaro Vitali (que sólo tolero como friki felliniano en AMARCORD).

Pero sí hay vizcondesas que me hacen tilín. Señalaré dos: Lucy Liu (cuanto más vizca, más la deseo -que magnífica está como Joan Watson en ELEMENTARY, ya glosada en este mismo blog-) y la picaruela dietista Gabi Uriarte (detonante de la presente entrada y espléndida explotadora de su defecto visual, con una mímica llena de vis cómica -cuanto más cómica más sexy, buscando siempre la complicidad hilarante del respetable-).






martes, 12 de marzo de 2019

LA LEY DE VOIGHT



"-Dais más miedo que los delincuentes.
  -Que no se te olvide..."
(diálogo de CHICAGO P.D.)


En estos tiempos de coreografías linchadoras que, al final, quedan en ná (que si la PPR es harto dura, qie si el violador tiene dispensa porque es yihadista y no legionario, que si el paidorro lo mismo si en vez de cura es profesor de alguna cosa sexual avalada por la tonterida, que si el apalizador tiene bula por su condición centrífuga, que si el destructor de mobiliario urbano lo hacía simbólicamente como performance digna de ARCO, etc, etc) uno recibe como soplo de aire fresco a Hank Voight, su perenne y redentora rabia contra la mala gente, su voz ronca, su mandíbula capaz de mascar gominolas de adamantium (a su lado, Harry Callahan resulta un poco petimetre). Poco a poco, CHICAGO P.D. (rama del frondoso árbol de LEY Y ORDEN) me va ganando las noches del domingo.

Como bonus y apoyo de Voight, la inquietante y siempre anómala presencia de Elias Koteas, el Vaughan de CRASH.







domingo, 10 de marzo de 2019

LA CONDENA


El sueño de esta madrugada.

Me habían invitado a participar en la presentación del lanzamiento del último trabajo de cierto dúo femenino tributario en lo formal de otro dúo femenino. Era un cover de cierto disco de aquel mirlitónico juglar segoviano de escuchimizados encantos (ALZO LA VOZ, que publicó la CBS en los primeros 70 y llenó de invendibles los cajones de los sótanos de Discoplay -yo lo tuve, porque en su solemnidad rica en coros lo asociaba con los AGUAVIVA, y cuando me cansé de estos también pasé del otro-). Un calco pero sin alma, sin fuste y sin fundamento (vamos, como el PSICOSIS de Gus Van Sant frente al de Hitchcock pero en vinilo). Yo acepté la invitación porque, aparte de reencontrarme con Segovia (se celebraba la cosa en el Real Sitio), me pagaban viaje y estancia y por la noche prometían una cena orgiástica en plan menage a trois cultural (segoviano por el cochinillo, japo por servirse en los cuerpos desnudos de las dos hermanas -tenía yo el antojo de un ágape así desde que vi aquella entrega de Andrew Zimmer- y helénico por las connotaciones medeico/caníbales del cerdito bebé, chorreando jugos sobre la tripa de su "performother"). Había más procacidades, aunque más mojigatas por estar dirigidas al gran público (lo gordo -o sea, la cena- era a puerta cerrada para un reducido número de invitados): tanto en las fotos del disco como en el video promocional las chicas aparecían calatas (que diría un peruano) pero sin enseñar nada, en púdicos escorzos o abrazándose a sí mismas, como esculturas noucentistas (muy filisteamente diva esa mezcla de pacatez y epatancia, como los furores anales turcos de Ana Belén -en que se echa de menos la explicitud colonoscópica- o los despelotes de Alaska cuando juega a Sara Montiel -mucho más audaz la Sevigny en sus secuencias soplando el clarinete...-). Más impactante que los desnudos era el escenario donde se filmaron: un espacio enorme cubierto de azulejos blancos, como el baño/piscina de un psiquiátrico viejuno y/o balneario ochichornio.

A la espera del evento, en mi habitación del hotel me devanaba los sesos y estrujaba las meninges sobre qué decir sin resultar inconveniente ni intemperante ante una creación que no me provocaba ningún impulso empático. De pronto, apareció esa acosadora que de vez en cuando se cuela en mis sueños: físicamente se da un aire a la dominatrix Lady Heather (la misma mirada gatuna, los mismos morros) pero en fondón, como inflada al helio aunque no del todo (como mi pelota de Pilates los días que la presión atmosférica la deja un poco fofa), y, en cuanto abre la boca, deja claro su sideral distancia con la Ligeia de Grissom: su falta de carisma, su inepta petulancia, su empeño idiota en "captar mi onda", en ser "mi alma gemela", en cagarla con cada presunto guiño ¿¿¿¿cómplice???? Se me recuesta en la cama en plan odalisca y yo la echo del cuarto con la piel erizada de pura grima maldiciendo para mis adentros ese jodido karma de atraer carnalmente a elementas que me hacen sentir mucho más huérfano en su compañía que en soledad. Reanudo mi titánica tarea de salir del paso en la presentación sin sacar mi lado Sheldon (sí, en los últimos tiempos he empezado a engancharme a BIG BANG -serie que había despreciado sin conocerla durante años y que ahora empiezo a valorar: me pasó lo mismo en su momento con otro trabajo de Chuck Lorre, DOS HOMBRES Y MEDIO-) y, justo cuando estoy hallando la fórmula de compromiso, el graal eufemístico, vuelve la pedorra embutida en una especie de red mariñeira y, ya completamente fuera de mis casillas, la fusilo a improperios. Entonces, se cabrea y se va cubriéndome de maldiciones gitanas y pésimos agüeros y, mientras lo hace, una especie de tsunami anega el hotel (eco tanto del zapeo reciente que hice de EL DIA DE MAÑANA como de algunas tribulaciones domésticas).

En ese instante, como en toda clave freudiana rica en humedades, me despierto con ganas de pipí.