martes, 12 de marzo de 2019

LA LEY DE VOIGHT



"-Dais más miedo que los delincuentes.
  -Que no se te olvide..."
(diálogo de CHICAGO P.D.)


En estos tiempos de coreografías linchadoras que, al final, quedan en ná (que si la PPR es harto dura, qie si el violador tiene dispensa porque es yihadista y no legionario, que si el paidorro lo mismo si en vez de cura es profesor de alguna cosa sexual avalada por la tonterida, que si el apalizador tiene bula por su condición centrífuga, que si el destructor de mobiliario urbano lo hacía simbólicamente como performance digna de ARCO, etc, etc) uno recibe como soplo de aire fresco a Hank Voight, su perenne y redentora rabia contra la mala gente, su voz ronca, su mandíbula capaz de mascar gominolas de adamantium (a su lado, Harry Callahan resulta un poco petimetre). Poco a poco, CHICAGO P.D. (rama del frondoso árbol de LEY Y ORDEN) me va ganando las noches del domingo.

Como bonus y apoyo de Voight, la inquietante y siempre anómala presencia de Elias Koteas, el Vaughan de CRASH.







domingo, 10 de marzo de 2019

LA CONDENA


El sueño de esta madrugada.

Me habían invitado a participar en la presentación del lanzamiento del último trabajo de cierto dúo femenino tributario en lo formal de otro dúo femenino. Era un cover de cierto disco de aquel mirlitónico juglar segoviano de escuchimizados encantos (ALZO LA VOZ, que publicó la CBS en los primeros 70 y llenó de invendibles los cajones de los sótanos de Discoplay -yo lo tuve, porque en su solemnidad rica en coros lo asociaba con los AGUAVIVA, y cuando me cansé de estos también pasé del otro-). Un calco pero sin alma, sin fuste y sin fundamento (vamos, como el PSICOSIS de Gus Van Sant frente al de Hitchcock pero en vinilo). Yo acepté la invitación porque, aparte de reencontrarme con Segovia (se celebraba la cosa en el Real Sitio), me pagaban viaje y estancia y por la noche prometían una cena orgiástica en plan menage a trois cultural (segoviano por el cochinillo, japo por servirse en los cuerpos desnudos de las dos hermanas -tenía yo el antojo de un ágape así desde que vi aquella entrega de Andrew Zimmer- y helénico por las connotaciones medeico/caníbales del cerdito bebé, chorreando jugos sobre la tripa de su "performother"). Había más procacidades, aunque más mojigatas por estar dirigidas al gran público (lo gordo -o sea, la cena- era a puerta cerrada para un reducido número de invitados): tanto en las fotos del disco como en el video promocional las chicas aparecían calatas (que diría un peruano) pero sin enseñar nada, en púdicos escorzos o abrazándose a sí mismas, como esculturas noucentistas (muy filisteamente diva esa mezcla de pacatez y epatancia, como los furores anales turcos de Ana Belén -en que se echa de menos la explicitud colonoscópica- o los despelotes de Alaska cuando juega a Sara Montiel -mucho más audaz la Sevigny en sus secuencias soplando el clarinete...-). Más impactante que los desnudos era el escenario donde se filmaron: un espacio enorme cubierto de azulejos blancos, como el baño/piscina de un psiquiátrico viejuno y/o balneario ochichornio.

A la espera del evento, en mi habitación del hotel me devanaba los sesos y estrujaba las meninges sobre qué decir sin resultar inconveniente ni intemperante ante una creación que no me provocaba ningún impulso empático. De pronto, apareció esa acosadora que de vez en cuando se cuela en mis sueños: físicamente se da un aire a la dominatrix Lady Heather (la misma mirada gatuna, los mismos morros) pero en fondón, como inflada al helio aunque no del todo (como mi pelota de Pilates los días que la presión atmosférica la deja un poco fofa), y, en cuanto abre la boca, deja claro su sideral distancia con la Ligeia de Grissom: su falta de carisma, su inepta petulancia, su empeño idiota en "captar mi onda", en ser "mi alma gemela", en cagarla con cada presunto guiño ¿¿¿¿cómplice???? Se me recuesta en la cama en plan odalisca y yo la echo del cuarto con la piel erizada de pura grima maldiciendo para mis adentros ese jodido karma de atraer carnalmente a elementas que me hacen sentir mucho más huérfano en su compañía que en soledad. Reanudo mi titánica tarea de salir del paso en la presentación sin sacar mi lado Sheldon (sí, en los últimos tiempos he empezado a engancharme a BIG BANG -serie que había despreciado sin conocerla durante años y que ahora empiezo a valorar: me pasó lo mismo en su momento con otro trabajo de Chuck Lorre, DOS HOMBRES Y MEDIO-) y, justo cuando estoy hallando la fórmula de compromiso, el graal eufemístico, vuelve la pedorra embutida en una especie de red mariñeira y, ya completamente fuera de mis casillas, la fusilo a improperios. Entonces, se cabrea y se va cubriéndome de maldiciones gitanas y pésimos agüeros y, mientras lo hace, una especie de tsunami anega el hotel (eco tanto del zapeo reciente que hice de EL DIA DE MAÑANA como de algunas tribulaciones domésticas).

En ese instante, como en toda clave freudiana rica en humedades, me despierto con ganas de pipí.   


lunes, 25 de febrero de 2019

"NO ESCRIBAS NOVELA REALISTA, ESCRIBE SOBRE PEDRO" (el sueño de esta noche)


Tal era el lema que ornaba una editorial (cuyo nombre no recuerdo) sita en un hotelito con jardín en un rincón de una avenida ancha que asocio con cierta parte de Joaquín Costa no muy lejos de Castellana. Me quedé un rato contemplando el cuadro y pensé sería bonito publicar ahí ese libro con ilustraciones aparcado desde 2010 y que sólo verá la luz tras mi muerte (y tampoco es seguro...).

Poco antes había visto por la 2 un documental sobre Summers en el que éste (en una escena rodada expresamente para el documental) cabalgaba a una Elena Santonja enfundada en una malla escamosa de látex (como la piel de la marveliana Mística -o de Lois Griffin disfrazada de la misma- pero en color verde), a la que rascaba la cabeza por encima de la frente (en un gesto similar al de Frank Cuesta cuando adormece lagartos) y también se hablaba de una película poco conocida, IO, con Sonia Bruno y una actriz francesa, film muy estilizado y en algunos momentos casi cercano a Antonioni (nada que ver con lo habitual del autor), que sería como su tributo gauche divine (equivalente a títulos berlanguianos como LA BOUTIQUE o TAMAÑO NATURAL).

Poco después de pasar la editorial alguien me paraba. Era una joven alta, con melena oscura lisa como de ama de casa joven de spot de los 60, gafas de pasta y facciones correctas, algo llenas, rodeando una nariz levemente aguileña (asocié su sobriedad no exenta de un punto inquietante con esos montoneros/etarras/fachas de la época, siempre ajenos a la informalidad creciente del swingin y del pop). Su cutis, salpicado no sé muy bien si de pecas o de barrillos, me dio un poco de grima. Dijo llamarse Antoni@ (la arroba viene a cuento porque su voz, bastante andrógina, parecía enmascarar la letra final del nombre entre a y o) y ser "mi hermana" por parte de esa familia que desconozco y de la que sólo he heredado el primer apellido. Y que ya nos habíamos visto en una reunión (me vino un flash de esa reunión al recordar por un momento haberla soñado en otra ocasión). Como en aquella otra vez, me sentí incómodo y sólo quería alejarme, cosa que mi pulsión de aguas menores me ayudó al despertarme.

Dudé un rato si aguantarme el pipí y no encarar la realidad adversa ("esperaré a la mañana siguiente, cuando venga el perito") pero al final, obligado por la tiranía vesical, me encaré. No encendí la luz ni quise ver si había nuevos percances y, tras aliviarme, volví a la cama, intentando recuperar la imagen de la editorial pero sin que interfiriera mi presunta "hermana".

No lo conseguí y, ya en chip de duermevela, empecé a dar vueltas a la idea de convertir el sueño en una entrada para este blog en el que hacía tiempo que no colgaba nada.

Queda la incógnita del críptico lema que ornaba la fachada de la editorial...

viernes, 14 de diciembre de 2018

EXTREMA ORIENTACION


Balance filosófico tras ver esta serie.



La civilización más antigua 
es también la más joven. 


Decoro e inocencia son los mejores aliados contra el paso del tiempo. 



Dedico esta entrada a Mme Byblos, siempre extremamente orientada.











domingo, 26 de agosto de 2018

EL PETTING PAN NUESTRO DE CADA DIA DANOSLE HOY (flashes de San Valentín a trasmano de fecha)




A veces me despierto de madrugada y sueño con:

ser objeto transicional que abraza a perpetuidad una bella durmiente;

ágapes conversatorios (de postre el horizonte) con una puta de Mensa;

calcular constelaciones de pecas bronceadas por una luna hiena (la luna que alumbra a las mujeres maravillosas);

batracicoros de regüeldos junto a una gusarapa quasi albina bajo una abandonada bóveda de ecos infinitos;

besos tan jugosos que las bocas se hagan rebosantes cupideras;

morir muy poquito a poco (en dulce desmenuzamiento de aporía).



domingo, 5 de agosto de 2018

LA CURTIDA Y LA REPIPI




En estos últimos findes estoy siguiendo por Nova los maratones vespertinos de una serie que ignoré en su momento. Y reconozco que tiene su puntico, sin echar cohetes.

La química protagónica la ponen una curtida poli, Jane Rizzoli (encarnada por ese curioso híbrido de Ali McGraw y Charlton Heston llamada Angie Harmon, cuya voz ronquilla me pone bastante), como factor yan. La cuota yin la ofrece una forense repipi y algo fashion victim, Maura Isles (a los mandos del muñeco, Sasha Alexander en un rol muy distante de aquel donde la descubrí, la austera agente de NCIS). 

Hay mucho de chisposo y pizpireto en sus peripecias, que me hacen pensar en clásicos de mi mocedad como AUDACIA ES EL JUEGO y MC MILLAN Y ESPOSA (ambas con la reineta de lo pizpireto, la hoy injustamente olvidada Susan Saint James) o en fetiches mucho más recientes, caso de EL MENTALISTA y de BONES.

De entre los cuatrillones de forenses y forensas aparecidos por ficciones de tv desde la primigenia CSI LAS VEGAS la doctora Isles compartiría trono menor junto a la pelirroja de MOTIVE (detonante de esta cosa mía shadowliner) y a Zach (el miniyo hiperlógico que acompañaba a la huesóloga Brennan y que terminó internado por sus excesos cartesianos) en derredor de las Potencias Mayores, la ya mentada Brennan y el insuperable Grissom (el padre omnisciente de todos los forenses televisivos).

Amén de las protas, cabe destacar a dos veteranos, la mamma Rizzoli (peculiar cantinera de la policía, encarnada por la siempre sorprendente Lorraine Bracco -¿recuerdan aquel western lésbico de Gus Van Sant?- con esa manera de hablar como si tuviese la boca llena de nubes de malvavisco) y el sargento Korsak (Bruce Mc Gill le da un punto socrático -que diría Xenius, por aquello de la ironía- con abundancia de frases memorables).  

En fin, estos maratones, entre otras liturgias de JF Sebastian castizo, me hacen sobrellevar los rigores del calor, oreando mi córtex de estreses y angustias, que siempre recalientan y deben de evitarse en los fragores de la canícula.


martes, 10 de julio de 2018

MUERAN LOS NOVIOS




Cillian Murphy (o, al menos, su cara) en una vida anterior fue parejactriz polanskiana. Acabo de caer en ello al ver por Movistar LUNAS DE HIEL. ¿Tal vez por eso dicho actor me provoque moebianos sentimientos de grimosa voluptuosidad?

La historia bordea aMOROSAMENTE el sexperpento pero, sobre todo, incide  en lo paniconyugal (eso tan bien desarrollado años después en el gangbang dialéctico llamado UN DIOS SALVAJE -en cuanto al choque de pareja normalito/pardillesca con dueto tortuosamente terminal, clave en ambos títulos, me lleva a asociarlo con EL PLACER DE LOS EXTRAÑOS, un año anterior a la que nos ocupa, y, cómo no, evocar ese clásico del mal rollo que usaba mi madre como referente para venirse hulkianamente arriba, ¿QUIEN TEME A VIRGINIA WOOLF?).

La libazón láctea (después, dorada) me trae al recuerdo el único modo en que yo disfrutaría de un destilado (Elizabeth Shue lactando whisky en LEAVING LAS VEGAS).

En cuanto a los momentos más bondageantes me hacen pensar que el nihilismo sexual ferreriano (¿por el común geokarma parisién?) no debió de resultarle indiferente al polaco más incorrecto.

Ultimo apunte: una de estas noches tengo previsto soñar con una nueva versión de esto mismo pero más cruel y orgullosa (mejor dicho, rompedora de orgullos por su anticlímax). Con Cillian Murphy haciendo el papel que ya hizo con otro cuerpo en una vida anterior, Kevin Spacey donde Peter Coyote jugaba a un Humbert Humbert de vuelta de sí mimmo y, tras la cámara y recuperado del trasmundo, Michael Chomino más señora china que nunca y megadispuesto a quemar trillones de euros en aras del 7th art (¿o es que sólo se van a tolerar las moñeces mucho más insustanciales de la MariWachoska?).



miércoles, 27 de junio de 2018

SEXPERPENTOS


Anoche, por la 2, me vi una rareza, PACO EL SEGURO, impremeditada transposición de lo letal a lo genésico de FRIAMENTE, SIN MOTIVOS PERSONALES (aquí los "mecánicos" pasan de lo terminator a lo procreator aunque manteniéndose la tensión entre el honesto profesional -Landa donde Bronson- y el aprendiz vicioso -Dewaere donde Jan Michael Vincent-) con un escenario que ya no es la Costa Oeste opulenta y jipifláutica sino una Carpetovetonia castiza de comienzos del siglo XX, a caballo entre Zola, Sawa y Baroja.

Recordé que esta coproducción hispano/francesa esperpentizando las cosas del querer y del deseo era muy de esos años a caballo entre los últimos 70 y los primeros 80. Recogiendo la sombra del Buñuel más franchute (TRISTANA, BELLE DE JOUR, ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO) que entrevera el glam parisién con la bronca y el rijo ibéricos, una serie de títulos aflorarían por entonces, como la berlanguiana TAMAÑO NATURAL (con versión más oscuramente castiza en NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTE SOLO de Olea bajo férula de Frade -qué más castizo que JF...-), LA ADULTERA de Roberto Bodegas o, en plan más fallido, los gateos talluditos de Buñuel jr (AU RENDEZ VOUS DE LA MORT JOYEUSE y LA MUCHACHA DE LAS BOTAS ROJAS). En paralelo, los sexperpentos italogalos de un Ferreri en su cruzada por un nihilismo sexual (EL HAREN, LA GRANDE BOUFFE, L'ULTIMA DONNA, ADIOS AL MACHO...) cuya última palabra en buena medida la daría en clave existencialista Bertolucci con su ULTIMO TANGO..., aquella rareza sesentera de Manfredi (LAS TENTACIONES DE BENEDETTO), tal o cual momento canónicamente esperpéntico de Regueiro (desde las oscuridades de AMADOR o CARTAS DE AMOR DE UN ASESINO a las más jocundas LAS BODAS DE BLANCA, DUERME DUERME MI AMOR o PADRENUESTRO), las desmesuras fellinianas, las catalanarias de Bigas Luna (BILBAO y CANICHE), o las experiencias límite de Armiñán en temas amorosos y endocrinos (donde la poesía siempre se impone al esperpento: ahí UN CASTO VARON ESPAÑOL, MI QUERIDA SEÑORITA, EL AMOR DEL CAPITAN BRANDO, AL SERVICIO DE LA MUJER ESPAÑOLA, EL NIDO, LA HORA BRUJA...).

No puedo obviar la más fresca y estimulante incursión del cine español en la cosa gayer, rompiendo convenciones y cánones, aportando ternura y humanidad a lo que más tarde se codificaría hasta la náusea por mor de lobbies, correcciones políticas y despotismos "de género". Hablo de la siempre silenciada PEPE, NO ME DES TORMENTO de José Mª Gutiérrez. Con Regueiro en el guión y un Frade que no molesta demasiado, en comparación con otras producciones suyas.

Ah, y me olvidaba de los autismos de la familia Estelrich (el padre con EL ANACORETA y el hijo con LA VIDA LACTEA, cumbre absoluta y difícil de superar del sexperpento -y muy rica en caseína, que diría Jardiel...-).




martes, 19 de junio de 2018

TIDELAND


[voy a glosar desde mis psicotrópicas endorfinas la película que vi anoche por el canal Bom]


Terry Gillian concibe y timonea la aproximación más oscura hasta la fecha al mundo de Lewis Carroll.

En ella, Jeff Bridges, curtido en papeles extremos de anómala conducta, llega a su cénit encarnando a un papacadavra (a modo de Norma Bates en la mecedora pero más jacarandoso -porque el pistoletazo hacia la taxidermia lo da en esta ocasión una overdose de jaco-).

Caserón en medio de la nada (esa nada herbácea que ya nos angustiaba mucho tiempo antes en DIAS DEL CIELO).

¿Y qué decir de Dodogson? Dodotomizado y besucón, inventor de explosivas realidades paralelas y marcado por el eterno presente del incesto...

En cuanto a la heroína y sus ¿amigas? dollheads, convierten, con su curiosidad punzante e hiperactiva (precocidad de mutante vástaga de pareja, ya dije, jacarandosamente disfuncional), a la Alicia original en un angelito de Murillo. 

La realidad imposible pero cierta se acentúa con la abundancia de escorzos arkadinamente wellesianos (y ya que saco a OW a colación, la nena y sus cabecitas de muñeca nos traen por un momento a la mente a aquellas niñas rijosamente predadoras que acosaban al pintor en cierta secuencia de EL PROCESO).

Y tal vez por ello no pude por menos de asociar los fotogramas con la metáfora definitiva: aquel cuadro atractivamente espeluznante de Dorotea Tanning... 



viernes, 16 de marzo de 2018

LA ALICIA DE RAMON



Me la recomendó Mme Byblos. Una versión checa de fines de los 80 del clásico carrolliano. Grimosa (como los cuentos para niños sin afeitar -tanto los niños como los cuentos: antimateria de Disney y de Pixar y de su público aunque seguro que ese Chico Ostra tan poco dado a la gillette la tiene en su botiquín de fetiches y quienes concibieron en CSI LAS VEGAS uno de sus mejores personajes oscuros, la letal muñequita de biscuit creadora de maquetas, también debieron de tener en mente esta cinta-) y fascinante, como rodada por un incongruente gregueríparo (por aquello de la magia -¿negra?- de las cosas rotas o a medio romper). En mi bajada desde hace unos días al sótano audiovisual de mi disco duro hoy se me ha ocurrido visionarla.