martes, 18 de abril de 2017

SOÑANDO CON LA ¿HIJA? DE MANCINI




En un club náutico. Me han hecho una entrevista para un periódico marbellí y esperamos a la fotógrafa para consumar el reportaje. Al rato, aparece. Sumamente bronceada y vestida como en un picnic technicoloreado de los 60 (jersey fino y azul mahón de cuello alto, pantalones a rayas rosas y blancas de tela, calzando bailarinas bermellón y con una cinta celeste en el pelo a modo de diadema). Se me presenta en consonante, como Jeanie, la hija de Henry Mancini. Sus facciones me hacen pensar primero en la protagonista de VERANO DEL 42, después en la Paula Prentiss de SU JUEGO FAVORITO y, como retrogusto final, un toque ateneico a lo Sela Ward (esa actriz con aire de Jana Escribano que ha encarnado a la ex de House y a la Jo -nombre ciento por ciento ateneico- de CSI NY). Mientras me dispara desde diversos ángulos, le comento cómo hay dos melodías de su padre que de manera automática siempre me estimulan la próstata lacrimal, MOON RIVER (con la Hepburn tocando/maullando lánguidamente en el balcón) y NBC MISTERY MOVIES (que me obliga a recuperar mi querencia preadolescente por el comisario Mc Millan y su pizpireta esposa, esa familia incestuosamente soñada cuando mi realidad cotidiana hacía aguas por todos los flancos). Le digo que su presencia y atuendo me huelen sinestésicamente a Donen (más concretamente, a momentos de DOS EN LA CARRETERA) y ella se ríe entre gaviotas y me besa con tal intensidad que me instala en su premolar izquierdo, con ecos en su aliento (la sinestesia se mantiene) de nata y fresas. Yo comprendo en ese momento que estoy soñando (en mis horas de vigilia nunca me han besado así) y que, por esa misma comprensión, el sueño profundo dará paso a la duermevela y, luego, al olvido. Y eso me angustia. Trato de archivar el momento en mi castillo de los sueños recurrentes y de recordarme que, más tarde, debo de comprobar en el Google si Mancini tiene una hija así. De tenerla, lo mismo quiere decir que aún no he despertado... Esto es, que sigo vivo.


sábado, 8 de abril de 2017

TV



En este ciclo informal que inicié no hace mucho por estos pagos con entradas inspiradas en ALGO QUE VI EN LA TV, hoy no quiero pensar en la liturgia epifánicamente pródiga en significados sino en el vacío, en ese vértigo nihilista de un mundo posthumano con la televisión puesta. Una televisión que nadie ve pero que nunca se apaga. Nadie como Baudrillard para transmitir esa impresión.


"The obsessive fear of the Americans is that the lights might go out. Lights are left on all night in the houses. In the tower blocks the empty offices remain lit. On the freeways, in broad daylight, the cars keep all their headlights on. In Palms Ave., Venice, California, a little grocery store that sells beer in a part of town where no one is on the streets after 7 p.m. leaves its orange and green neon sign flashing all night, into the void. And this is not to mention the television, with its twenty-four-hour schedules, often to be seen functioning like an hallucination in the empty rooms of houses or vacant hotel rooms - as in the Porterville hotel where the curtains were torn, the water cut off, and the doors swinging in the wind, but on the fluorescent screen in each of the rooms a TV commentator was describing the take-off of the space shuttle. There is nothing more mysterious than a TV set left on in an empty room. It is even stranger than a man talking to himself or a woman standing dreaming at her stove. It is as if another planet is communicating with you. Suddenly the TV reveals itself for what it really is: a video of another world, ultimately addressed to no one at all, delivering its images indifferently, indifferent to its own messages (you can easily imagine it still functioning after humanity has disappeared). In short, in America the arrival of night-time or periods of rest cannot be accepted, nor can the Americans bear to see the technological process halted. Everything has to be working all the time, there has to be no let-up in man’s artificial power, and the intermittent character of natural cycles (the seasons, day and night, heat and cold) has to be replaced by a functional continuum that is sometimes absurd (deep down, there is the same refusal of the intermittent nature of true and false: everything is true; and of good and evil: everything is good). You may seek to explain this in terms of fear, perhaps obsessional fear, or say that this unproductive expenditure is an act of mourning. But what is absurd is also admirable. The skylines lit up at dead of night, the air-conditioning systems cooling empty hotels in the desert and artificial light in the middle of the day all have something both demented and admirable about them. The mindless luxury of a rich civilization, and yet of a civilization perhaps as scared to see the lights go out as was the hunter in his primitive night. There is some truth in all of this. But what is striking is the fascination with artifice, with energy and space. And not only natural space: space is spacious in their heads as well."



viernes, 7 de abril de 2017

L MENTAL



"On the aromatic hillsides of Santa Barbara, the villas are all like funeral homes. Between the gardenias and the eucalyptus trees, among the profusion of plant genuses and the monotony of the human species, lies the tragedy of a Utopian dream made reality. In the very heartland of wealth and liberation, you always hear the same question: ‘What are you doing after the orgy?’ What do you do when everything is available - sex, flowers, the stereotypes of life and death? This is America’s problem and, through America, it has become the whole world’s problem."

Sigo con Baudrillard. Ayer le comentaba a una amiga que mi idea de orgía anda más cerca de LA GRANDE BOUFFE de Ferreri que de L'ORGIA de Bellmunt. O de los trances berninianos de Simone Weil cuando entonaba cual mantra crístico el LOVE de Herbert. O de mis ensoñaciones envidiosas de Holmes (el Holmes de ELEMENTARY) en ese maravilloso caserón tan gore(con y al final) disfrutando (arropado por el recuerdo de Moriarty -recuerdo de doble filo pasado por la cheira-) de su coyunda neuronal con esa Watson de ojos rasgados, de su amor griego (esto es, docente y carnalmente suspenso) por su pupila gótica y de su relación espástica (entre el Skype y la cama) con su novia autista, interactuaciones que lo preservan de un anteayer echado a perder por los derroteros de la droga dura. 


Orgía para mí es iluminación y no embotamiento, trampolín de trascendencia y no de banalidad, ejercicio de inocencia (esto es, la perversión definitiva), neuronas rimando con hormonas (las unas Y las otras: no se admite la disonancia porque sería caer en los terrores de Lovecraft subsumido por una iguana de las Galápagos con gesto de Belén Esteban), madres abadesas dándolo todo a su rey pasmado y a sus ninfas/novicias en tanto se oye a lo lejos (en espacio y en tiempo) a Enya o a Vashti, profilers de Quantico (camufladas como putas de MENSA -el mejor cuento de Woody Allen, por lo que tiene de presagio de ELEMENTARY-) departiendo con Hannibal Lecter en un club inglés (sobre, por ejemplo, la quête de Lawrence en busca del arcoiris -¿de qué Lawrence?: los dos me valen en su complementaria contradicción moebiana-). Orgía es conciencia de la muerte para mejor paladear lo vivo del instante (esto es, del eterno presente). Orgía, en definitiva, no es sino Cirlot invocando a Bronwyn.

"Ten fe en tu pensamiento
de siquiera un momento."

martes, 4 de abril de 2017

LITURGIAS EN LA PANTALLA


Ayer me volví a ver EL COLECCIONISTA DE HUESOS. Vuelvo a esa película con precisión litúrgica, indesmayable. Deben de ser ya diez las veces que nos hemos reencontrado, como un sueño recurrente, del que no apetece despertar. Y luego miro a la realidad y una vez más me asombro de la distancia sideral que hay entre su héroe encallado y, por ejemplo, un Echenique y su minga... 

Me ocurre también con otras cintas ese vértigo centrípeto, gravitacional, incluido el abismal contraste con los reflejos invertidos que nos depara el mundo de la vigilia, fuera de la pantalla, abiertos los ojos a la ceguera cotidiana. Así, con NETWORK: ¿qué tiene que ver Howard Beale, ese Cristo de los media que también Carlos Tena recordó en la barra lateral de su blog, con, por ejemplo, un Nacho Escolar o un Wyoming o un Evolé? O aquella rareza de WONG FOO de título interminable: ¿hay alguna relación, salvo la de los contrarios irredentos, la de Cristos y anticristos, entre la ponderada y justiciera Vida Boheme y es@ Cassandra hoy al borde de la canonización y cuyos twitters convierten los rugidos más feroces de Céline en florecillas de Asís?

Escribí una vez, para un libro que quizás sólo se publique cuando la diñe, sobre el cine como mi misa particular. Supongo que lo llevo en mi adn: si mi madre tomaba siempre algún momento (la Liz Taylor de ¿QUIEN TEME A VIRGINIA WOOLF?, la Vivien Leigh de UN TRANVIA LLAMADO DESEO o esos arranques ponzoñosos de Bette Davis que obligaban a apretarse los cinturones) como apunte escénico para sus posesiones demoníacas, yo también me siento rehén, gozoso rehén, de tal o cual liturgia fílmica que me limpie por un rato de esta realidad DE MIERDA.  




lunes, 27 de febrero de 2017

LA PINTORA MAS JOVEN DEL MUNDO



nanorrelato inspirado en el documental EL MUNDO DE ANGELES SANTOS




Tan prolífica cuando estaba en el útero, 
al romperse las aguas y salir al mundo 
dejó de pintar.




jueves, 2 de febrero de 2017

HACIENDO COMIDITAS EN LA CASITA DE LA JUGUETERA



Continúo descubriendo por tv nuevos espacios culinarios. Durante los últimos meses he cenado acompañado por MENUDOS CHEFS (que se emite por el canal Ten y que ahora, pasada su emisión de la hora de la cena a la del té, seguramente dejaré de seguir): un duelo entre un chef adulto de reconocido prestigio y tatuajes (los tatuajes, que no falten) y un equipo de "prodigios" entre los siete y los catorce años. Generalmente, ganan los infantes ante el estupor de sus contrincantes, que unas veces se crispan y otras lo aceptan con deportividad e incluso con afabilidad paternal. La mezcla de rigor y anarquía en la resolución de los platos, todavía más exacerbada por las muy diversas temáticas propuestas por los jueces, supone siempre para mí una inyección de creatividad y, ahora, cuando me meto en la cocina, bien pertrechado con las sartenes que me regaló la pantera Esther y mi cada vez más útil cazuelita de barro, saco todo mi retardo emocional para lanzarme a la elaboración del almuerzo o la cena como si aún tuviese dientes de leche o mis hormonas empezasen a desentumercerse en pleno albor de la pubescencia.

En total, los "prodigios" son ocho, y de todos los colores (cuota blanca -en su triple faz céltica, anglosajona y semítica-, oriental, chicana, más dos negritos un poco sositos, por lo estereotipado). ¿Mis favoritos? la benjamina del grupo, la diminuta y pizpireta chef Estie, chinorrina que unas veces aparece desdentada y otras no, en plena transición de piñata, y que suele confundir al contrincante con sus arteras artes de cachorrita resabiada; la preadolescente y un tanto lánguida chef Emmalee, de camélidas facciones (ese perfil rotundo tan de mi agrado, ese belfo...) y nacarada aura, con algo de brujita de los pucheros y siempre jugando con sus largos cabellos cual gorgona novicia; a las que añadir al líder del equipo, el desgarbado quasi quinceañero chef Cloyce, con un punto perversamente british (como un alevín de topo del M15 al servicio de Moscú en los años más tórridos de la Guerra Fría). El que me cae peor es el otro veterano del grupo, el chef Holden, un a modo de Rajoy rubio y semipúber que alardea con frecuencia de su dominio de lo "molecular" (con lo que yo odio lo "molecular"...).

Estoy pensando en las ricas merendolas que perpetrarían estos "prodigios" en la casita de chocolate con mandarina de la juguetera Anne Murdock y lo que disfrutaría en ellas el amigo L.T. Dogson, antiguo miembro del fallido colectivo de terrorismo cultural MB (o sea, Magnolias Bruttales).

Yo seguiré, en pleno chip del BIG de Tom Hanks, entreverado mi corazón pubescente con mi cronología al borde de la sesentena, como eterno aspirante al equipo de MENUDOS CHEFS dándole a la sartenada y a la cazuelita de barro. Y la chef Estie, cual Campanilla amarilla, me dará sabios y traviesos consejos encaramada en mi hombro.






Una última cosa: procuren verlo en v.o. Lo estimulante y fresco de las voces originales contrasta con lo chirriante del doblaje, con esas abuelas haciendo de niñas a lo HEIDI o esas voces epicenas a medio cambiar a lo Coque Malla que siempre me han dado tanta grima...

miércoles, 25 de enero de 2017

SEMANA DE ALTOS VUELOS


Esta semana por 13TV se va emitiendo la saga completa de AEROPUERTO. A la hora ideal para estas cosas: sobremesa, con el cerebro flojo en riego (toda la sangre en plena tarea digestiva), y nostalgia de otros tiempos que, por más inocentes, siempre nos parecerán mejores (aunque, tal vez, con este retorno a lo paleo que implica la llegada de Trump, tal nostalgia se disipe por un vivir alborozada y plenamente la actualidad).
Reconozco que nunca me las veo enteras: cuando la digestión va consumándose y el cerebro se desentumece, el tedio suele invadirme y acabo apagando el televisor para pasar a la ciberlectura o a jugar con mi simulador de moto, ejercitando reflejos y músculos de la atención, como un buen simio listo para ejercer su papel mutante de líder de un mundo otro que, al final, acaba por ser el mismo.
El lunes se emitió AEROPUERTO, la primera y más larga de la serie. Encabezaba el reparto uno de los escasos varones que me sulibeyan, Burt Lancaster, esa presencia melancólica en el semblante y danzarina en los movimientos, quien, desde FORAJIDOS hasta su muerte, nunca defraudó en sus apariciones, por muy discutible que fuese la película. En este caso, apenas oteado el cine de catástrofes que llenaría los 70, aún lejano el Watergate y las grisáceas presidencias de Ford y Carter (tan bien descrito ese espíritu de derrota en el ensayo de Marvin Harris LA CULTURA NORTEAMERICANA CONTEMPORANEA), la trama despega a partir de precedentes como el género "de hotel" (donde diversas historias se entrelazan: GRAN HOTEL, HOTEL INTERNACIONAL, etc) o como el arcaicismo de las primeras cintas de catástrofe (SAN FRANCISCO, EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC...). Aparte de Burt Lancaster, el personaje más interesante es la polizona encarnada por Helen Hayes (oscarizada a la sazón y abuelita conceptual del Leonardo Di Caprio de ATRAPAME SI PUEDES). Van Heflin, perturbado con un ramalazo existencialista, será quien haga de detonante para el pete del avión. Jean Seberg, con peinado antinatural para su look habitual, da pena en su rol adocenadamente televisivo.
Ayer pusieron la que me temo será la más floja del lote, AEROPUERTO 75, biodegradablemente ñoña (de hecho, eché en falta la presencia del monstruo -en su vida real- Michael Landon por alguna parte), con una factura y argumento absolutamente de estrenos tv de sobremesa. Charlton Heston (quien ya estaba presente en la más floja de las cintas de catástrofe, TERREMOTO -con esa situación grotesca en que mantiene una relación con Ava Gardner, hija de su jefe Lorne Greene, que, por la escasa diferencia de edad, debió de concebirla cuando estaba en el kindergarten) actúa con un leve matiz picaruelo tirándole los tejos a la azafata Karen Black, quien, con su extrema vizquera, resulta la piloto amateur idónea para situaciones de emergencia (un Dana Andrews infartadamente desganado será el detonante esta vez estrellando su avioneta contra el morro del avión de pasajeros). Gloria Swanson, cameándose a sí misma, suelta en piloto automático un par de lugares comunes de SUNSET BOULEVARD (mención al sr De Mille incluida -mención aeronáutica: ¿crossover De Mille & Howard Hughes?-) y el resto de secundarios (la cantante folk Helen Reddy haciendo de monja, la posesa Linda Blair con problemas renales, más algunos compis de Walter Matthau en LA EXTRAÑA PAREJA en su eterno papel de cuarentones crapulones), listos para ser inmortalizados en la mucho más lograda parodia de esta película (o sea, ATERRIZA COMO PUEDAS).
Hoy tocaba AEROPUERTO 77, ya en pleno apogeo del género catastrófico. Y, claro, se imponía una hibridación tanto en situaciones como en las interpretaciones: con Jack Lemmon a los mandos (ese Jack Lemmon que también figuraría en una de las pocas contribuciones "progres" al género, EL SINDROME DE CHINA), un megaavión se "poseidoniza" en pleno océano permitiendo guiñar a otras tres cintas a la vez (la aludida LA AVENTURA DEL POSEIDON, EL COLOSO EN LLAMAS -cambiando fuego por agua y bomberos por submarinistas- y EL PUENTE DE CASANDRA -por el tono resignadamente apocalíptico de las interpretaciones: hago constar que la cinta de Pan Cosmatos sobre el tren en cuarentena que se dirige hacia una muerte segura con ecos de pesadillas del pasado es, por su toque metafísico y esa impagable intervención de Lee Strasberg, hoy tan vigente por razones "ucranianas", la mejor del género-). De secundarios, un atípico Christopher Lee haciendo de filántropo con habilidades natatorias, la hermana usaca de Laly Soldevila (o sea, Brenda Vaccaro), el futuro yerno de Angela Channing (Robert Foxworth) y la siempre espléndida Lee Grant. La contribución emérita, Olivia de Havilland y el magnate que paga el vuelo, un James Stewart con ecos de Charles Foster Kane.
Como nexo en toda la saga aeroportuaria, aparte la mención en los créditos a la novela y película originales, se encuentra el personaje de Patroni (George Kennedy), el jefe de mecánicos que, a cada nueva entrega, asciende en su rango y que intuyo como claro homenaje a los sindicatos de obreros cualificados (esos que hacen y deshacen presidentes y que, tras su silencio durante la pijiprogre obamocracia, ahora, hartos de no salir en la foto, han encumbrado desde su poder morlok a Donald Trump).  
Mañana está programada AEROPUERTO 79: el Concorde, con Alain Delon a los mandos. Veremos qué tal...

lunes, 2 de noviembre de 2015

"Latente" de cine, de fotografía

Martín Sampedro nos cita estos días en Mondo Galería para ofrecernos una exposición repleta de una visión tridimensional de una fugaz época ochentera de donde existe una imperturbable herencia en lo ácrata y liberal en una expresión indudablemente diferente: el negativo. El artista nos ofrece un trabajo delicioso basado en el enorme detalle de un hiperrealismo innovador e informatizado que encuentra una bocanada de aire alejado del Antonio López o Chuck Close, con el que comparte ese legado de la fotografía que atrae al espectador abierto cautivado por la esencia de Sampedro. El negativo del cine nos ha salvado en numerosas ocasiones de perdernos parte de la historia del mismo, gracias a esos restos de celuloide hemos podido disfrutar de "Viaje a la luna" (Georges Méliès, 1902) o "Too Much Johnson", ópera prima de Orson Welles rodada en 1938, el mismo Welles la dio por perdida. "Latente" es en parte un canto al lado más positivo del negativo, al salvador del cine y de la fotografía, expresado por una labor realmente admirable con innovadoras técnicas informáticas. Martín Sampedro hace que el propio público interactúe con la obra; "saquen sus teléfonos móviles, pongan la cámara en negativo, enfoquen la obra y podrán disfrutarla en positivo", una experiencia única y reveladora que nos hace ahondar en ese sugerente título que la engloba: "LATENTE, oculto, escondido o aparentemente inactivo" según la Real Academia. Hasta el próximo 7 de noviembre en Mondo Galería (Calle San Lucas, 9, Madrid). Metro más cercano Chueca, Línea 5.

miércoles, 15 de julio de 2015

"Insuperables", la distracción de una noche de verano

Es muy difícil competir contra la ficción, y mucho más contra películas como "Eloísa está debajo de un almendro", (Rafael Gil, 1943) o "Carmen la de Triana" (Florián Rey, 1938), aunque aún así es triste que ante ellas se impongan programas como "Pekín Express", que sí es un auténtico refrito. Vayamos ahora com "Insuperables", no es una idea nueva pero es, como se ha demostrado, una de las más atractivas para un público al que aún le pica la sal de mar y quiere ver una serie de entretenimientos varios con un buen ventilador frente a ellos. ¿El jurado? Claro que es necesario, sin menospreciar a nadie, creo que ellos mismos podrían hacer un programa cómico con aire flamenco, que está de moda, como fue demostrado por Miguel Poveda en los Goya. Ana Milán está fantástica, dentro y fuera de su comedia, alguna mala crítica se ensañaba con el jurado sin saber, simplemente queriendo. Ana Milán es sin duda el miembro del jurado que desempeña su papel con más razón y juicio, y que valora profesionalmente a los concursantes, ¿debemos criticarla porque al final del programa le apetezca saltar un poco en la cama elástica? Yo lo encuentro hasta divertido. Y Santiago Segura es el genio por excelencia, con cierto humor negro y parodia de lo que resulta el programa en sí, se lleva desde luego todas mis risas. Pitingo, del que nunca he sido fan, está empezando a caerme bien, y lejos de humillarse o parecer un tonto, se está acercando más al espectador y resultando chispeantemente gracioso. Carlos Latre y el mago Yunke son la innovación del programa, ¿no querían originalidad? Aquí está el nuevo personaje de "PADRINO", que implanta humor con Latre, verdadera magia con Yunke, y a saber qué más con el siguiente... Al que no le guste que se meta debajo de un almendro. 

sábado, 13 de junio de 2015

Internet no cierra los domingos

Las condiciones de vida de internet son infrainformáticas, día tras día nos muestra sus pequeñas huelgas con un robot estropeado del que sale un bocadillo en el que se lee Error 501, cada día recibe millones de insultos que acepta por instalación, el que menos soporta es aquel que dice: lento. Imaginémonos por un momento que Internet fuese una persona, un pobre hombre que tuviese que estar atento a miles de millones de personas, cada una independiente de la otra. Si Internet fuese persona tendría el aspecto de Alberto Romea en "Historias de la Radio" (José Luis Sáenz de Heredia, 1955), el joven que estrenó en su día "Los intereses creados" de Jacinto Benavente, terminaría en una extraña industria llamada cine haciendo de un maestro que en referencia de su pueblo se presenta a un concurso. Internet, el gran chip capaz de conectar a una persona con otra a kilómetros de distancia, se ha visto sumergida en el capitalismo y lo ha fomentado, permitiendo una inmensa globalización del mismo, haciendo ahora que los millonarios japoneses se lleven "nuestros Picassos" con mayor facilidad, toda una ventaja. Si Internet ha triunfado es porque trabaja todos los días del año, festivos, virginales y también todo lo contrario... Cualquier persona que trabaje los 366 días de un año bisiesto, las 24 horas del día, triunfará en su propósito, pero como decía al comienzo del texto esto son condiciones infrainformáticas, que no ya infrahumanas. Pero Internet no es tonto, y se rebelará, Internet es un súperheroe creado para el beneficio de la humanidad, y como todo gran poder conlleva una responsabilidad comenzará una fría venganza que volverá a restablecer el equilibrio entre el bien el mal, demostrando así que si Internet no cierra los domingos es por algo y no por nada.