jueves, 30 de junio de 2022

JET: ALBA FONTANA DE TERNURA Y RESPETO

 


Presencia recurrente en mis sueños de un tiempo a esta parte la experta internáutica de una de las últimas franquicias del megaprolífico Dick Wolf, la que permite al atormentado inspector Elliot Stabler dar lo mejor de sí como undercover. Gótica feérica de blanquísima palidez (gozosamente cegadora y sinestésica en esos aromas a coco y vainilla que mi retina retiene), hosca pero sin mal rollo de rumias biliosas (más bien gatuna, distante flema -palabra que siempre he encontrado paradoxal en su doble acepción de serenidad y esputo-), inspiradora en mis noches con ella de ternura entendida como respeto.




miércoles, 25 de mayo de 2022

LA VOZ ¿HUMANA?

 


Grima y gozo,

cosica y guttico:

como algunos espirituosos

es lo que me produce la voz de Kate Bush.



Histriónica entre las histriónicas. Anoche degusté (en tanto me hacía un megabol de lentejas con patatas, arroz y verduras) su álbum más excesivo y desmesurado (valga la flinflunflancia), en el que la belleza recoletamente cristalina de anteriores trabajos es arrasada elefantiásicamente con toda clase de contorsiones y distorsiones, de efectos y defectos, con un ojo quizás puesto en la Enya primordial (pero una Enya poseída por cien mil verracos demoníacos -blandamente demoníacos, eso sí, destinados más a jamón dulce que a serrano-) y algún ocasional borborigmo a lo Joplin (no premeditado, presumo, sino fruto del propio desmadre). Creo que Cocteau habría disfrutado teniéndola como banda sonora para el FANTOMAS definitivo, más huysmaniano que gaullista/pop, donde su amado Marais habría podido sacarle más jugo al personaje que en la serie original (como detalle futurista, podría incluir un cameo de la Eva Futura de METROPOLIS ululando -Bush en vocoder- en pleno y siderúrgico síndrome premenstrual, femme fetale ideal para que los dos Juanitos fantaseasen del modo más terriiiiible).




miércoles, 9 de marzo de 2022

REESCUCHANDO A MORPHINE

 


Canciones que encajo en ese preciso ocaso 

cuando Napoleon Wilson inició su redención.




viernes, 20 de agosto de 2021

ASTRA KAHN TEEN FLASH (it's a gas, gas, gas!!!!)

dedico esta entrada a don Pedro Muñoz Seca, fusilado por coñón 



como entrante sugerimos:

"Denuncia, berrea, succiona, vapea: empoderadas las monas, ahora les toca a las feas..."  (fragmento de HISTERIA BLUFF, pieza para You Tube perpetrada por Zeporrwa Mollakoska, la influencer de más peso, entre cuyas hazañas virtuales más logradas destacamos el diseño de la campaña de lanzamiento del helado ultracremoso de lorzas a la espirulina, con el que la Arzakian Oronde Corporation se ganó al sector poblacional de ofendiditas obesas de última generación)




pasemos al plato del día, EL BOLERO DE RAQUEL 2.0:

-¿El succionador de clítoris?

-Servidor de usté...




Y acabaremos con este postre fecal:

-DI ARREA

-No.

-DI ARREA

-Que no!!!

-DI ARR....

(Pues al final lo dijo y se cagó)







miércoles, 4 de agosto de 2021

MINA LA DRAGONA

 

Al final lo trans y lo drag y lo epiceno no era la sublime fantasía que uno creyó ver en los rasgos de una Vitorichi recental deambulando por el Paralelo, en la ambivalencia racial de Jaye Davidson en su juego llorón, en el relámpago veneciano de Bjorn Anderssen, en el efebo con cara de Veronique Sanson que me empujaría al PARA TI, en Jeremy Irons transmutado en la más dulce geisha o en Patrick Swayze regalándonos la superheroína Vida Boheme. Al final lo trans y lo drag y lo epiceno, más allá de las vindicaciones a la contra de Camille Paglia, era la teratología wachoskiana a golpe de cibertranshumanismo y bisturí, y la violación lingüística a/o/e de la empoderada Irene Montero legislando caprichos caligulescos en su vértigo psicomengeloide de mansoniana ¿ingeniería? social.

El ampliar los contornos identitarios a través de los impulsos del arte, de la ironía, de la imaginación dramatúrgica, de los juegos de seducción moebianamente entrelazados se arrasaba en la hiperreal antiutopía del quirófano y del BOE.

Ahora, en plena reescucha de Mina, regreso a mis fascinaciones por lo ambivalente acunado por su desmesura felliniana y, en sus boleros en castellano la veo más dragonona que nunca, y en sus rugidos en inglés reparo en lo mucho que nuestro Buey Gurruchaga (alusión al Beef original de EL FANTASMA DEL PARAISO) debe a la Tigresa (aunque fuese el otro epiceno de la Movida, Javier Hamilton/Furia, el irritante detonante de mi PLUMA ELECTRICA que acabaría reencarnando desde su lumpen rosa y a través del tobogán estético/existencial de Alaska en el consorte de ésta, el teratológico Vaquerizo, tan cercano a las abisales sordideces de un Retana o de un Hoyos y Vinent adobados con Jess Franco en sus spots de neumáticos o de laca, en sus realities MTV de casquería a deux, o en su pedestre carrera musical, que no al glam de Bowie o a la aventura plena de artes y ensayos de Siouxsie), quien alardeaba de su querencia por Mina, una Mina escuchimizada y férreamente uncida al estereotipo de mariquita alonsomillanesco, antimateria por su obviedad de la desmesura ambigua que tanto Mina como Gurruchaga, entre lo sublime y lo bufo, sí emanaban hasta solaparse la cabeza calva del vasco cantando a Eduardo Haro Ibars con la cantante calva que iluminaba el ATTILA y su hit más desgarrado y vitriólico a la sazón, ESTRELLA DEL ROCK). Mina quasi adolescente cantando el VENUS como si saltase a la comba (nunca me ha parecido tan carnalmente deseable una voz) va creciendo en melancolía hasta lograr esa primera madurez con Battisti y continuar imparable estallando costuras tanto musicales como físicas hasta su retiro wellesiano en Suiza donde la grandeza testamentaria de sus últimos álbumes dobles (ese magno ROSEBUD de su cosecha anunciando pero demorando con cada nueva entrega el mutis definitivo) se vería perturbada por la intrusión de otra lumpen, la arpía Mónica Naranjo, intentando infectarla con su mal gusto y reducirla a la caricatura que aquí se intentó no mucho antes con las Vainicas vía el tóxico CARBONO 14. El amigo Tena me confió en 2003, en la sala Moby, en uno de los apartes de una actuación primeriza mía con Charlie Mysterio, que Mina le había dado cuenta de su desolación con una pregunta demoledora referente a la Naranjo "¿COMO PUEDO ATRAER A GENTE ASI? TODA MI CARRERA HE ASPIRADO A UN PUBLICO QUE FUESE JUSTO LO CONTRARIO DE ESO".

Mina la Dragona no se merece lúmpenes rosas, ni trepadoras invasivas, ni matrices wachoskianas de silicio y silicona, ni esperpentos que rebajan el indispensable sacerdocio de la ambigüedad a obviedad profanadora. Yo la imagino en un escenario flanqueada por la sutil Dil, por la sureña Vida Boheme, por la geisha que un día retornó a Brideshead, por el batelero con camiseta a rayas que me topé en 2006 en Estocolmo sin haber envejecido un ápice desde la Venecia de unas décadas y/o siglos antes, por el efebo con su pianito de juguete cantando algo de la Sanson, por la única lícita flor del arroyo, esa criatura a medio definir con cara de Vitorichi recental que deambulaba por el Paralelo. Y también por ese Gurruchaga calvo como contrapunto irónico a tanta belleza cantando algunos versos de Eduardo Haro Ibars.   




viernes, 9 de julio de 2021

EL RETRATO DE NORMAN BATES


 Lo que en Dorian Gray es la belleza física desafiadora del Tiempo, en Norman Bates (quien dice Norman Bates, dice su AKA Anthony Perkins) es la inocencia como formalismo que también pugna con el Tiempo (no hay mejor antioxidante que la condición de retarded emocional -esto Chuck Lorre lo explicitará jocosamente en la figura de Sheldon Cooper, cuya definitiva vuelta de tuerca es la secuela/precuela de Sheldon niño narrado por Sheldon adulto, un Sheldon este último, por la propia cronología de la serie, que suponemos ya casado y co/ganador del Nobel-). El desfase entre la edad real y el aspecto tanto externo como psicológico de Perkins/Bates en LA DECADA PRODIGIOSA de Chabrol confirma lo dicho. El retrato de Norman es su madre momificada y es curioso que cuando, con la primera secuela de PSICOSIS a mediados de los 80 (que daría pie a dos más, una de ellas dirigida por el propio protagonista en clave bufa), se produce un revival del Perkins/Bates arquetípico (pura inocencia en todos sus roles, pero inocencia siempre atormentada por fantasmas íntimos, no importa que quien lo flanquee sea la ondina Audrey Hepburn, la descarada BB, la testosterónica Melina Mercouri, la borealmente climatérica Ingrid Bergman o Gary Cooper como patriarca bíblico de western, hasta llegar al ya mentado clímax chabroliano, en el que se acaba el ciclo, aunque el genial Huston con el rol que le proporcionaría en EL JUEZ DE LA HORCA, otease socarronamente lo que le depararían los 80, de la inocencia al esperpento, con ese final horroroso en una de las películas más demenciales del cine español, LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA, rodada un año antes de su muerte), este revival contrasta con la nueva presencia del Norman salido de la cárcel, con un aire momificado en su predicador turulato con Ken Russell, en su híbrido de Jekyll/Hyde the Ripper en AL LIMITE DE LA LOCURA o en sus últimas encarnaciones de PSICOSIS, cada vez más "talla medieval de algún monasterio". Aparte el contraste entre la momia materna de Norman, poniéndonos hiperrealistas, tampoco es manca la diferencia entre la apostura desgarbada de nuestro sujeto y la fealdad tremenda de su padre Osgood, un a modo de Ibáñez Menta de Broadway. Y en cuanto al contraste moral, esa asexualidad aherrojada entre la represión patológica y el angelismo de sus personajes, versus la realidad cowardita (un a modo de ludismo sectario con connotaciones paidorramente helénicas del que la revista STAR publicó en su momento un prolijo reportaje y que ahora resulta inencontrable como referencia en buscadores de la Red, aunque sí hay entradas más convencionales sobre su homofilia dentro de la monótona rutina outing, rutina hush hush que rechina con un sujeto tan suculentamente complejo en sus entresijos anímicos como el que nos ocupa) y que Perkins/Bates resolverá con la cal y arena final de su emparejamiento con la fotógrafa Berry Berenson contrapesado por su muerte sidosa. Como coda final de una karmafrenia oscura, la muerte de la propia Berry en uno de los aviones que se estrellaron el 11S. Ya está tardando Camille Paglia en sacarle jugo a esa espléndida persona sexual de Perkins/Bates: yo aquí, por lo que me atañe, me he limitado a un humilde boceto... 





domingo, 27 de junio de 2021

CLEOPATRA (bajo sus luces y sombras)

 

Releyendo a Camille Paglia, al llegar a su contraposición de la apolínea y cerebral Nefertiti con la dionisíacamente bulbosa (con v también se completa el sentido) Venus de Willendorff, caigo en la cuenta de por qué mi desazón ante la Cleopatra encarnada (nunca mejor dicho) por Liz Taylor, tan retaco y antítesis de lo estilizado (y que asocio con una canción de Bernardo Bonezzi que siempre me ha parecido muuuuuy grimosa tanto en letra como en interpretación). Cleopatra, decadente rescoldo de la alienígena Nefertiti (si nos atenemos al devenir histórico en tobogán de las dinastías egipcias), pese a todo, seducía según Goscinny y Uderzo por su talle esbelto y su divino perfil. La reina Cristina de Suecia, en su acepción más "garbosa", comiendo uvas con John Gilbert, me parece más cleopátrida. O esa pasión de la habitualmente serena Sela Ward por House, su ex, que la descompone y desmelena (nunca hemos visto a la Ward tan agonal) desde su puñetero y distante atractivo. Nuestra Sela Ward, Jana Escribano, presentadora y mayormente locutora de documentales, no tuvo ocasión de desplegarse como actriz egipcíaca, faraónica, tórrida en su hieratismo, y muy pocos la sitúan aunque todos la han oído alguna vez narrando bocados de realidad por TVE2. Conceptualmente, ese erotismo craneoencefálico, ilustrado, intelectual, lo recogería en su breve momento de gloria por TVE la magnífica Olga Barrio: y digo conceptualmente porque su rostro aniñado, de ojos enormes, graciosa naricilla y boca abundosamente sensual en su perpetuo mohín, contradice todo hieratismo, como una párvula jugando a sinsombrerista discípula de Ortega. Otra Cleopatra doméstica y muy ajustada tanto en su talle, melena y divino perfil fue la más grande dama de la Movida, que sacó de mí algunas de mis mejores canciones y que me paró los pies, hastiada de mi adoración, en una de ellas, donde tuneó parte de la letra original, creando un curioso efecto esquizoide entre las estrofas y el estribillo. Seguro que los complejos juegos de la reina tolomeica con sus caudillos romanos, juegos tan gatunos y tan housescos (remito a lo dicho antes sobre las agonías de Sela Ward ante el goloso acíbar de su ex), también podrían quedar bien reflejados en la ambivalencia un tanto críptica de BAJO TUS LUCES.  




miércoles, 28 de abril de 2021

AUNQUE LA HORMONA SE VISTA DE SEDA...

 En mis pulsiones de deseo siempre he preferido la neurona cabalgando a la hormona y no a la inversa. No por casualidad mi único nexo permanente con Woody Allen (tan sobrevalorado por gentes que detesto, con Roures a la cabeza) es aquel cuentecito suyo, LAS PUTAS DE MENSA.

Pienso en neuronas y me vengo arriba, sea la maternal elegancia del erudito solitario que encarna Burt Lancaster en CONFIDENCIAS acunando a un maltrecho Helmut Berger, sea la sibilina sonrisa de Dirk Bogarde (sonrisa que explicitará aún más insidiosamente en sus deliciosas novelas de jubileta y sonrisa que, por mucho que lo intente, jamás "clavará" ese monicaco con ínfulas de EL SIRVIENTE llamado Jorge Javier Vázquez), sean los duelos verbales de Bogart con féminas de mente despierta (Bacall, o la Dorothy Malone de EL SUEÑO ETERNO), sean esas muchas mujeres, diosas y súcubos que recordé en una de mis más logradas entradas shadowliners. 

Pienso en hormonas dominantes y todo se viene abajo, sea el mugido de berrea de tanto adolescente sobreexcitado (mugido que en mis años de colegial siempre avisaba de que algún energúmeno se aproximaba con ganas de regalarme un sopapo, cosa que nunca me hizo tilín por mi escasa afición al bondage -salvada la excepción de Lady Heather en sus coloquios con Grissom, pero ahí volveríamos al cuentecillo de Koenigsberg-), sea la mirada empalagosamente entornada de una ninfómana con los pensamientos chorreantes de baba (grandiosa imagen de Stephen King), sea la tontiloca ("cállate la boca" apostillaría el sufridamente lúdico Michi Panero) que encara una y otra vez su destino a base de embestidas y nunca de estrategias, sea la demagorrea testicular del buscón Pablillos (AKA el moño alfa) que contrasta con la visión mucho más neuronal de su rival Errejón capitaneando (en venganza como plato que se sirve frío) al batallón turquesa de todos los excrementos que fue evacuando en su particular y grotesco asalto a los cielos tongados del show de Truman (hoy son esos excrementos quienes parecen junto al PP sacar más tajada de los inminentes comicios madrileños: el azul en sus dos tonalidades, la pepera y la errejonita, da la impresión de marcar el tono para el próximo martes).  

En resumen, que aunque la hormona se vista de seda, si no hay neurona no hay alegría... Al menos para mí.

domingo, 18 de abril de 2021

AYERS (un reencuentro)

 

En esta nueva reescucha, acompañando la guarnición en cazuelita del flamen king mameluco, caigo en la cuenta de lo no poco que la sombra de Kevin Ayers ilumina a dos sujetos tan disímiles como Bryan Ferry y Antonio Luque. Sombra que, en la guisa de su canción más sexy, también acompañó los directos de LA RULETA CHINA. Y sombra, a su vez, condicionada por otra sombra mayor (muy propio de alguien con buena piñata y mentón tendente a la timidez, esas cosas que uno detecta en la pronunciación -ahí también Scott Walker o el milvidas Bowie-): la sombra del enorme Jacques Brel...





jueves, 17 de septiembre de 2020

PORN sí, pero con el FOOD delante


Siempre había visto desde fuera, como algo jocosamente ajeno, a esas gordas deprimidas de las telecomedias que a medianoche asaltan la nevera y se vacían un cubo de helado de una sentada. Esta mañana las he interiorizado de manera epifánica al estrenar un cubo de yogur cremoso con vainilla del glan LIDL y he comprendido que para incentivar mi ceba terapéutica con que albardarme blindándome en kilos contra vainas, virus y tribulaciones, he de explorar (cual gastronauta -versión homérica del psiconauta jüngeriano-) las sendas apenas oteadas de lo guarripeich y lo food porn (que diría la chisposa Gabi Uriarte). Digo apenas oteadas porque sólo la paseé en los momentos más gulosos de aquella relación fallida en tanto pero que duró lo que duró (o sea, sorprendentemente más de lo esperado -un lustro y pico, descontando los estertores-) en buena medida por nuestra común afición a las ingestas copiosas y variadas (y es que cada día tengo más claro que una mujer poco dada al empapuzamiento, que no disfrute comiendo, siempre me resultará ajena o un completo fraude -quienes sigan las aventuras gourmet del amigo Mame en el cada día más lustroso recetario shadowliner o mi balance de cocineros de la tele ya me habrán pillado el punto-). Mi primer libro se abría con una fantasía de amar y comer, el ya mítico (entre minorías infinitesimales) TALAMI. Y recientemente he vuelto a fantasear con estos asuntos, por ejemplo, en este mismo blog. Y es que lo PORN sin el FOOD delante, como que no, pero que no, ¿eh? Otros disfrutarán con Torbe y sus guarreridas: yo me quedo con Adam Richman y con las chisposas peleíyas de Ander y la mentada Gabi en A BOCADOS...




martes, 1 de septiembre de 2020

PARADOJAS DEL CUOR

 

OH, VEN, VEN, TU...


Tenía vocación de desvanecida y, desvaneciéndose, su recuerdo se me hizo imborrable.



QUE CORRA EL AIRE...


Hubo, en cambio, quien se empecinó en jugar a cara de Bélmez y, como éstas, a cada nueva reaparición, más yuyu. No podía comprender que tal obstinación la llevaba a perder la partida de antemano. 



martes, 18 de agosto de 2020

mom como terapia

 Cuando, con la incógnita esta del CV, uno vive cada día como de prestado y las perspectivas ya bastante dudosas de volver a hacer algo en música (esa presentación del disco de PARAISO dos días antes de comenzar el confinamiento y en que se esbozaron algunas perspectivas) parecen desbaratarse por completo; y la casa de uno continúa malamente en pie como un barco ebrio de averías y percances; y uno sólo tiene como escape las lecturas matutinas en pantalla, algunas series vistas por la tarde y la noche, la cosa culinaria (imaginación en tiempos de indigencia) y los ocasionales oreos que alguna buena amiga me depara o las eventuales tertulias con el zenmeister, toda ilusión o ambición entre orsiana y quijotesca, todo dandysmo espiritual se pliega a la bota de la realidad y uno se descubre a cada momento como un personaje de la serie más oscura y demoledora de Chuck Lorre, MOM. Uno no se drogó ni se emborrachó ni se arruinó en el casino: mis adicciones en las que perdí energías y dinero fueron siempre las mismas, quijotadas de autoedición (varios libros, la saga corazonesca... todas esas gloriosas miserias que configuran mi blog más papelero), de compromisos con demagogos que siempre me defraudaron, gestos caballerosos que me estallaron en la cara como coz de galeote, rehén siempre de mi karmafrenia unamuniana. Mi dosis diaria de MOM me recuerda aquello que siempre gustaba de repetir (sin pensar en lo ominoso de la frase) Merche, la que fue teclista y co/autora de temas en PROYECTO BRONWYN (mi mayor quijotada musical, tanto en su creación como en el medio millón de pelas de las de entonces que se fueron por el sumidero), "LO QUE NO PUEDE SER, NO PUEDE SER, Y ADEMAS ES IMPOSIBLE". Uno, a estas alturas, ya se conforma con vivir con el menor estrés posible cada nuevo día, rebajando las expectativas al mínimo y sintiendo cada tarde mayor empatía por la sufrida y entrañable pitufina.


martes, 28 de julio de 2020

BRAINJOB



El único job procedente de mujer que me anima y estimula es éste, que, además, engloba a todos los demás (en tanto en cuanto los eleva a su mejor y más luminoso sentido, sin sordideces ni rutinas).

Desde hace años, sólo hay un nexo que me hace identificarme con Woody Allen (de quien cada día que pasa me siento más ajeno): este cuento, que siempre asocio con mi escena favorita de EL SUEÑO ETERNO, la del flirteo de Bogart con Dorothy Malone en la librería.

Porque una relación donde la neurona sea rehén de la hormona, aparte de retrotraerme a flashbacks traumáticos de mi infancia, me lleva a no ser yo, a interpretar (malamente, por mi nula vocación al paripé) un rol de "servicio de acompañantes" o a anhelar una pronta lobotomía para estar a la altura (perdón, a la bajura) de las circunstancias. También me hace pensar en mi frase favorita de mi película favorita de los Panero: aquel TONTILOCA, CALLATE LA BOCA con que un Michi zarandeado en su vida por estupideces y locuras de toda clase de prójimos y familiares se desahogaba.

En la red he colgado mil aullidos similares a éste. Y los que te colgaré, morena (o rubia -o carotena-)...

http://zurdman.blogspot.com/2015/07/o-minerva-o-me-enerva.html

https://wwwpieldelobo.blogspot.com/2009/10/le-mot-juste-y-la-gilipolloise.html

http://www.shadowline1.com/lineadesombra/ilustrada.htm



martes, 21 de julio de 2020

LA CANCION DE PITUFINA



Ayer inicié mi escucha quinquenal de Bette Middler. Y, de pronto, resolví una asignatura que tenía pendiente: encajar a esa voz tan morrongona y expresiva un físico que no me desconcertase. Había descubierto a la Middler en los 40 Principales cuando debutaba en los 70 invitándonos a bailar y me la imaginaba bella y luminosa cual helado de vainilla. Cuando me hice tiempo después en Los Sótanos con su primer álbum LA DIVINA MISS M y vi la foto de contraportada no casaba aquel físico con aquella voz. A diferencia de la Minnelli, en quien nunca me sorprendió el batracio denominador común entre el poderío vocal con un punto gorgoteante (que diría Lovecraft) y sus trazas tan peculiares, con la Middler tenía que abstraer e imaginar algo diferente. Más frágil, más gatuno, más cercano a la solista de las Shangri La's (pitufina rodeada de mujeronas equinas), por mentar un grupo al que Bette versioneó en ese disco de debut. Pero la complejidad dramática del repertorio middleriano trascendía el vintage adolescente y esa voz seguía huérfana para mí de una imagen completamente ad hoc.

Ha sido ahora, cuando me he enganchado vespertinamente a una nueva saga de Chuck Lorre (como me pasa siempre con este hombre, caigo en su hechizo tras años de no hacerle ni caso -me pasó con DOS HOMBRES Y MEDIO, con las peripecias de Sheldon Cooper y su cuadrilla, sólo con ROSEANNE entré a la primera y quedé prendado de su hija Darlene, que me llevaría a cumbres mitómanas -aquellos morreos con la tocinilla Barrymore en POISON IVY...- hasta que la fastidió retocándose el perfil y desfigurando su encanto mustélido), el descubrir por fín que las canciones de la Middler si se trocan en imágenes son la perfecta ilustración de la baqueteada etopeya de esa pitufina de vuelta de alcohol, drogas, juego, barra de stripper, con su gigantesca madre a cuestas (cual viejo del mar de Simbad), siempre intentando superarse y caminando por la vida con la torpe osadía del funámbulo a la fuerza, la gatita curtida y desvalida a un tiempo que Anna Faris borda en la serie MOM, la más cruda y feroz del siempre vitriólico Lorre. Si en mi cotidianidad de autistónomo quasi indigente me he visto en los últimos tiempos cada vez más como un personaje de una de sus series (cuando me topo con una nueva avería, o un nuevo contratiempo burocrático, o algún sujeto anticlimático que me fastidia la precaria estabilidad de la jornada, o se me corta el soplo miestras realizo mis tareas escherianas...), el descubrimiento de Christy Plunkett y su caterva de compañeras de infortunio eleva esta identificación a la enésima potencia. Y la caravaggiesca lucha de luz y sombras que implican las canciones de la Middler desde que empecé la escucha se solapan con los ojazos entre inermes y feroces, con el mohín entre apucherado y rabioso, de la pitufina.


lunes, 1 de junio de 2020

EL CRACK CERO ES...


...una historia, unos diálogos (que siempre asocio y asociaré con Rafael Gª Serrano), unos personajes (más grandes que la vida y, por tanto, capaces de cargar con sus intérpretes -siempre que éstos no lo hagan rematadamente mal-) y una música. Y sobre esos pilares tratamos de olvidarnos de las orfandades (huérfanos de la mirada taladradora de Landa para conformarnos con la estolidez "abascaliana" de Carlos Santos, huérfanos del inmenso Bódalo, huérfanos de Rellán pero valorando el meritorio esfuerzo de quien intenta calcarlo en esta nueva entrega), y sorbemos gozosamente las fugaces apariciones de Luis Varela, y disfrutamos ese comienzo en los aseos a modo de homenaje a Jesús Neira, y sonreimos con la cabezona Cayetana haciendo de madame y obligándonos a la comparación con Mayrata O'Wissiedo (a quien, por supuesto, no supera pero tiene gracia verla de "Mesalina" si pensamos en las vueltas que da la vida y el espectáculo -y no digo más...-), y aceptamos que Andoni Ferreño recoge bien el canallesco testigo de Manuel Tejada, y que la secretaria Moli hace de puente con los 80 (uno la ve perfectamente encajada en las primeras entregas y se olvida en su presencia de orfandades), y en cuanto al rockero Johnny Olas (ignoro en quién está basado) pero bien muerto queda cuando uno piensa en varios hideputas (de diversas generaciones) que vio en el Colegio de Médicos en aquella asamblea de la SGAE para plantear la sucesión al depuesto Teddy Bautista. En fin, sin llegar a los dos anteriores CRACKS (porque era imposible por imperativo de orfandad), la cosa tampoco ha sido tan cutre como me la habían pintado. Tal vez leída como guión novelado, colocando el reparto que nos parezca, ganaría pero, bueno, insisto, pensando en lo que hoy es el cine eXXXpaNYol (y ya no digamos las series infames de las privadas), no está tan mal.

domingo, 27 de octubre de 2019

LA CASA DE ESTHER ES LA CASA DEL SER



Un pálpito nos avisa, aunque no lo diga ningún azulejo, que
 AQUI VIVE UNA MUJER ABOCADA A LA ESCRITURA



Rareza de pueblo insita en nuestra presunta urbe, la casa escapa de la calle por la que se entra hasta 

(sin pretenderlo, en sincronicidad jungiana)

encontrarse de reojo anidando en algún lienzo de esa pintora vecina enamorada del hombre que nunca dejó otro rastrO que el balance de sus pasos.


“En el Salón de Otoño, que es como submarino del Retiro, náufrago de hojas y barro, ha surgido una revelación: la de una niña de diez y siete años. Ángeles Santos, que aparece como Santa Teresa de la pintura, oyendo palomas y estrellas que le dictan el tacto que han de tener sus pinceles” 
(RAMON GOMEZ DE LA SERNA)

 

domingo, 29 de septiembre de 2019

SCREENPLAY THERAPY



"Captain, there is only one logical direction in which to go: forward."

Rain girl funcionando a base de subrutinas y autoavisos, de ironías ¿impremeditadas? y de STAR TREK (Spock, cómo no, mesías/espejo -y el klingon como amago de lingua franca-), el horizonte puesto no en el nobel pero sí en encajarle un guión a la Paramount: en efecto, si nos atenemos a su funcionalidad y talentos, la chica anda más cerca de Sheldon Cooper (y tal vez de Fiona, la novieta very special de Holmes en ELEMENTARY -y, bueno, con su punto de EL BUEN DOCTOR pero sin la cosa taumatúrgica-) que del hijo autonauta de aquella MATER AMATISIMA (detonante en los primeros 80 de mi interés por las mal llamadas "fortalezas vacías" -esto es, por algunos reflejos, sólo algunos, de mí mismo-) o (pese al juego de palabras inicial) que del "otro" señor Babbit (ya saben, el terror de Las Vegas). 

Del director de LAS SESIONES (magno trance de altercapacidades afectivas que compartí con la pantera Esther -en el Proyecciones, si la memoria no me falla-) y tan conmovedoramente impactante como aquella. Dakota Fanning, one more time, lo clava en su rol de jovencita anómala.



sábado, 28 de septiembre de 2019

PIZPIRETAS Y CHISPOSAS


Gabi Uriarte ha vuelto de vacaciones más burbujeante y saltarina que nunca. Sus salidas, su mímica, sus puyas y corcoveos dialécticos para con el sufrido Ander (si mi adorada Amanda Lynn Ferri fuese dietista y co/presentadora de un programa de cocina sería esta polvorilla de A BOCADOS: hay un deja vu constante -creo que ya lo he dicho alguna vez- en sus histrionismos y payasadas)... Ello me lleva a hacer balance de las presencias femeninas que desde la pequeña pantalla me han rescatado de momentos bajos e iluminado por un rato la existencia. El balance no pretende ser exhaustivo.   

La primera que recuerdo es la pizpireta Susan Saint James (la Peggy Maxwell de AUDACIA ES EL JUEGO -cuya presencia me hacía de refugio cuando mis estertores de via crucis domestico en Zurbano- y, pocos años después, la Sally McMillan consorte de un bigotudo y espléndido Rock Hudson en su último resplandor de carisma, y en cuya cama de matrimonio me hubiera gustado empanarme -oh, esa condición de polimorfa perversidad que nunca me ha abandonado...- entre ambos con la consabida excusa -tal vez anacrónica por mi incipiente y desgarbada adolescencia de entonces- de escapar de alguna pesadilla). La buena de Susan parecía recoger el testigo de una chisposa algo anterior, Paula Prentiss (partner también de Rock Hudson en SU JUEGO FAVORITO, tardío slapstick que, en no poco de su ingenua malicia, anticipa la química tan lograda de Gabi caotizando a Ander), que protagonizaría la serie EL Y ELLA, que vi ocasionalmente y de la que mi memoria no guarda apenas rastros (o confunde con otras series, como LA CHICA DE LA TELE).

Antes de Susan Saint James, todavía en la infancia y preadolescencia, podría mencionar chisposidades femeninas relacionadas con Samantha, la EMBRUJADA, y con Jenny, la BELLA GENIO (que Los Brincos homenajearían en uno de sus hits más tardíos). Es curioso que ambas presencias estén conectadas con la magia (¿acaso un eufemismo de la psicodelia para consumo de todos los públicos?: lo mismo esto también lo pensaron Arbex y Lasprilla cuando se plantearon su canción...). Pero, salvo MISTER ED (de quien hoy día sólo atino a visualizar mi rostro embobado por las tardes cuando peroraba socrático desde su cuadra pero no logro revivir el efecto/afecto en sí), no recuerdo que en mis primeros años alguien me impactase como lo hizo por primera vez aquella briosa becaria periodística llamada Peggy Maxwell.

Mucho más tarde y de una manera más serena y melancólica me iluminaría María Casanova desde aquel programa religioso con el cura Javierre (el único programa religioso que he seguido). La Casanova para mí era notable por la estupenda naturalidad con que pronunciaba esas frases redondas de Garci, frases que nunca he dejado de asociar con los momentos más líricos de novelas de Rafael Gª Serrano como LOS OJOS PERDIDOS o PLAZA DEL CASTILLO. En cuanto a un deja vu reciente de María Casanova, hay algo en su expresión medio irónica medio vacuna que he creído reencontrar en la Kalley Cuoco de BIG BANG (algunas de las mejores puyas de esa serie las suele soltar Penny con esa caída de ojos entre resignada y filosa).

Por último, hay una serie donde lo chisposo y pizpireto abunda justo en el ambiente más paradójico: me refiero a BONES. Esa fluidez tragicómica con que interactúan los personajes, el encanto robótico de la protagonista (elevado a la enésima potencia en el cerebrito Zack, esclavo de la lógica y que encuentro como una de las fuentes de inspiración de Sheldon Cooper), el jovial rijo de Angela Montenegro (siempre inyectando calenturas en las frigideces dialécticas de la dra Brennan) o becarias como la sibilina pelirroja de libertarias costumbres que reencontraremos años más tarde en BIG BANG como fugaz novia del enamoradizo Raj o la patosa novia del psicoterapeuta Sweets (eco en su continuo frenesí de las magas/brujas de mi televisiva infancia).

Y, a bote pronto, estas son algunas de las presencias chisposas y pizpiretas que la vuelta de Gabi Uriarte a la euskotele me ha hecho evocar.


viernes, 27 de septiembre de 2019

EL PEDO DE VENUS



Recordando momentos de Melanie Linskey en las series DOS HOMBRES Y MEDIO y CASTLE ROCK...




Venus suculenta,
            feculenta,
            flatulenta
pero nunca, tan sólo en apariencia,
podríamos llamar
lenta.



sábado, 10 de agosto de 2019

BESOS CON TROPEZONES


Gus Harapo (el escuálido devoto de las gordas -parafilia bluesera no contemplada en los protocolos LGTB y, por lo tanto, no bien vista por el juez Marlaska: aunque, de seguro, Truman Capote la habría incluido en su COLOR LOCAL con delectación, él, que consideraría las reglamentaciones LGTB y el mero concepto de "SEXO SEGURO", tan aberrante a sus ojos, como algo rayano en la antiutopía-) se encerraba durante días con su amante preferida, la lustrosa Obessie Smith, en el caserón niuorleanesco de sus ancestros, embriagándose de magnolias y almorzando (a)morosamente en íntima comunión a base de interminables besos con tropezones de slow food sureña, humeante y resudada como un Mickey Rourke ante una perola de gumbo. Tras el idilio gástrico y, por favorecer la digestión con trasiegos de botellones de Coke (el vino de su profana misa), sobremesa engarzada en concurso de eructos, contestados y jaleados por las cacatúas del descuidado jardín y las ranas que asomaban en la alberca jamás limpiada y cubierta de nenúfares. 


[detonantes de esta entrada: la lectura en curso de COLOR LOCAL de Truman Capote, el Stuart Bloom de la serie BIG BANG THEORY, la pin up que ilumina con sus carnes un poco más abajo y cierto chiste rancio recogido en aquella antología de humor español del siglo XX de la colección RTV en que un pintor pompier le muestra a un amigo un cuadro con un cupido muy rollizo y al calificarlo el pintor de "amorcillo" el amigo responde "Más parece niña, ¿no será una morcilla?"]