domingo, 8 de mayo de 2011

SAN VIEJO PATÉTICO















Mira ese viejo vestido con ropas de mujer. Tiene los labios pintados y baila al son de un músico callejero. Al hacerlo, ojos entornados y una mano delicada y sensitivamente abierta -la otra sujeta una botella-, dibuja trazos vaporizados de vodka, como incertidumbre a salvo, frágil, liviano, desapegado. Es una mezcla de oriente y decadencia, de ternura y vicio, de pervertido y niño.
Mira bien a ese viejo defecto divirtiéndose entre penas, hueso envuelto en colgajos de lagarto, todo encías y unas largas pestañas negras, acaso fue un soñador...
Míralo, ya se sabe de sobra, no le teme a su forma y si le preguntas él mismo te lo dirá: «soy un viejo loco, una maricona lujuriosa y borracha». Y lo dirá tan dulce, absuelto, en paz y triste, que te hará sentir miedo.

Puerto Escondido, Oaxaca. Algún día de Marzo, 1997.